La alegría de Papá

Cuando todavía estaba lejos, su padre corrió hacia él lleno de amor, y lo recibió con abrazos y besos. El joven empezó a decirle: “¡Papá, me he portado muy mal contra Dios y contra ti! ¡Ya no merezco ser tu hijo!” Pero antes de que el muchacho terminara de hablar, el padre llamó a los sirvientes y les dijo: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo. Pónganle un anillo, y también sandalias. ¡Maten el ternero más gordo y hagamos una gran fiesta, porque mi hijo ha regresado! Es como si hubiera muerto, y ha vuelto a vivir. Se había perdido y lo hemos encontrado.” Y comenzó la fiesta.

Lucas 15: 20-24 TLA

(Énfasis del autor)

 

La parábola es por demás conocida, el hijo buscó su propia alegría, probó con diferentes experiencias, gasto y mal, desperdició sus bienes y sus días… pero nunca encontró lo que salió a buscar. Sus días perdieron toda la alegría que deseaba.

Tardó mucho tiempo en descubrir que lo que buscaba era justamente lo que había dejado atrás. La “aventura de vivir” sin el amor y la riqueza de la compañía de su padre se convirtió en su propio castigo. 

 

Si somos sinceros podemos reconocer que más de una vez salimos a buscar una experiencia que opacó la paternidad de Dios. A veces dentro de la misma iglesia, en medio del servicio perdemos la alegría de estar en la plenitud Cristo por nuestros pensamientos, preocupaciones o debilidades. 

Necesitamos revalorizar la compañía y la cercanía con Papá, no hay otro lugar más seguro y de mayor paz.

 

El amor del Padre se renueva cada día, Dios tiene esa capacidad de hacer de cada mañana un nuevo comienzo para la intimidad.

Más intimidad produce más alegría que da más motivos para volverse a encontrar con Él.

 

Es tremendo y maravilloso entender que vos y yo somos “la alegría de Dios”. Que nuestra cercanía y dependencia son su plan y su gozo. Que fue capaz de mover cielo y tierra, que envió a su único hijo para encontrarnos. Que diseñó y creo al hombre y a la mujer con la intención de siempre encontrarnos…

 

El encuentro y los reencuentros de quienes nos aman siempre provocan alegría, siempre son bendición. No importan los días, meses o años que nos separaron, el confundirse en un abrazo siempre es sanador. El encuentro diario con Papá también nos capacita para reencontrarnos con quienes perdimos de vista hace un tiempo, ya sea por descuido o algún mal entendido, todos tenemos con quienes reencontrarnos y sanar relaciones. Esas son las situaciones que puede habilitar la alegría de Dios en nosotros, el comprender que siempre hay oportunidad para esperar a alguien en la puerta… y sin reproches servir una mesa con alegría. 

De esto se trata la alegría que tenemos en Cristo, en la experiencia del encuentro, en dejarnos encontrar, en ser encontrados, en disponernos para tener una relación íntima y de amor con Papá. Saber que cada vez que buscamos su presencia Él ya está esperándonos. Como en la parábola, el padre está dispuesto al regreso y sale al encuentro del hijo. La alegría de Dios consiste en dar y su alegría en nosotros es producto de Su generosidad

 

¿Qué es lo te pierde? No te escondas detrás de tu trabajo, tu familia, tu ministerio y mucho menos detrás de tus debilidades y pecados reincidentes.  Hoy mismo déjate encontrar.

 

Ruth O. Herrera