La bendición

Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer. Cuando el hombre vio que no ganaría el combate, tocó la cadera de Jacob y la dislocó. Luego el hombre le dijo: —¡Déjame ir, pues ya amanece! —No te dejaré ir a menos que me bendigas—le dijo Jacob.  —¿Cómo te llamas? —preguntó el hombre.

—Jacob—contestó él.

—Tu nombre ya no será Jacob—le dijo el hombre—. De ahora en adelante, serás llamado Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. —Por favor, dime cuál es tu nombre —le dijo Jacob.

—¿Por qué quieres saber mi nombre? —respondió el hombre. Entonces bendijo a Jacob allí. Jacob llamó a aquel lugar Peniel (que significa «rostro de Dios»), porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y sin embargo, conservo la vida». El sol salía cuando Jacob dejó Peniel y se fue cojeando debido a su cadera dislocada. 

Génesis 32: 24-31 (NTV)

Qué texto extraño. A primera vista parece que es Jacob el que lucha. De hecho, el título dice “Jacob lucha con el ángel”, pero ¿Realmente podemos luchar con Dios de igual a igual? Cuando empezamos a leer dice: que se quedó solo y que y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

¿Jacob seguía con sus viejas artimañas de luchar como fuera para obtener la victoria? ¿Cómo podría? Si comparamos fuerzas, es necio pensar que podemos por así decirlo “torcerle el brazo a Dios para que haga lo que queremos” aun así muchas veces lo intentamos. Oramos una y otra vez, insistimos y pensamos no voy a darme por vencido hasta que no suceda lo que espero.

Jacob lucha porque no le queda otra alternativa… en realidad está muy asustado por lo que le espera cuando tenga a su hermano frente a frente.

En otras palabras, pensamos que vamos a vencer por la insistencia. Pero eso se aplica a los ídolos no a Dios.

¿Recuerdan a Elías? Aunque la historia es posterior a la de Jacob, el profeta lo tenía muy claro. Tanto, que cuando se enfrenta solito a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal los desafía, eran superiores en número, desde la mañana hasta la tarde saltaron, gritaron y hasta se lastimaron, pero nada sucedió. Luego llegó el turno de Elías quien luego de arreglar el altar de Dios que estaba arruinado, para complicar un poco el tema mojó la leña del holocausto. A continuación, hizo una sencilla oración invocando el nombre del Dios de Abraham, Isaac y de Israel, ¡y cayó fuego del cielo que consumió el holocausto, la leña, las piedras, el polvo y hasta el agua de la zanja! No se menciona que el profeta de Dios haya gritado hasta quedarse sin voz.

El varón que lucha con Jacob está tratando de que este hombre de una vez por toda se enfoque. Que se dé por vencido. Se rinda ante Dios y resuelva la relación con su hermano y pueda comenzar la vida que siempre el Padre celestial quiso darle y que él se empecinó en ganar por cualquier otro medio.

Un solo toquecito en la pierna y Jacob queda tendido en el suelo. No tiene más remedio que aferrarse al ángel porque el dolor es tan intenso que no se puede mantener en pie.

Entonces, por primera vez se abandona a lo que el varón decida y se reconoce necesitado ¿de qué? de la bendición. Por eso exclama No te dejaré, si no me bendices.

¿En qué consiste esa bendición? En un cambio de nombre, una nueva identidad, desde la cual comenzar, esta vez sí, una nueva vida.

¿Habrá quedado Jacob rengo para siempre? No lo sé, tal vez ni siquiera el detalle sea importante, pero seguramente ese encuentro divino marcó definitivamente su vida.

¿Necesitás la bendición de Dios? Él te la ha regalado a través de su hijo Jesucristo y no la retira, porque no podés ganarla, está disponible por gracia. Como Jacob, lo mejor que podés hacer es aferrarte con todas tus fuerzas.

Mónica Lemos