La buena tierra

Oigan esto: Un sembrador salió a sembrar…

Pero otra parte cayó en buena tierra, y creció, dando una buena cosecha; algunas espigas dieron treinta granos por semilla, otros sesenta granos, y otras cien.

Pero hay otros que oyen el mensaje y lo aceptan, y dan una buena cosecha, como la semilla sembrada en buena tierra. De ésos, algunos rinden treinta, otros sesenta, y otros ciento por uno.»

Marcos 4: 3, 8; 20 DHH

Perseverancia. Retener la Palabra y perseverar es una decisión que nosotros tenemos que tomar, no va a venir un ángel, tocarnos y de ahí en adelante mi vida va a estar enfocada. Yo tengo que decidir continuar, hacer lo necesario para ser esa tierra que Dios quiere. Es una decisión de cada día. Cuando me levanto decir: «Señor quiero ser esa buena tierra, quiero dar ese fruto que Vos querés. Ayúdame, mirá tengo esta área donde estoy luchando, necesito que me liberes».

Si vos te das cuenta que no podés solo, la iglesia está para ayudarte. Levantá la mano.  Pedí ayuda. Vamos a orar por vos en confidencialidad porque acá somos todos iguales, todos la peleamos, todos luchamos, todos tenemos tentaciones, todos caemos, pero la gracia de Dios nos levanta día a día si permitimos que Él actúe.

Pastor Gabriel Nonini

El texto de Lucas en el pasaje paralelo a este dice:

Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. 

Lucas 8:15 RVR60

La buena tierra, limpia y fértil permite que la semilla germine y dé fruto a su tiempo. Jesús también reconoce que la productividad es distinta, algunos rinden treinta, otros sesenta y otros ciento por uno. Lo importante es trabajar junto al Señor perseverando para preparar el terreno, quitar las piedras, sacar los espinos de raíz y regar la semilla sembrada. Cada uno de nosotros es diferente, Dios nos hizo así, sin embargo también nos puso en esta tierra para que demos fruto, para que podamos desarrollar todo nuestro potencial, que es único y nos habilita para llevar adelante el propósito que Él tiene.

La comunidad de fe nos permite encauzarnos, corregirnos, despejar “piedras”, sacar “espinos” y trabajar en colaboración con el Señor y la iglesia para ser cada día una tierra un poco más fértil.

¿Qué tipo de tierra soy? No hay una respuesta única para esta pregunta. Todos, de alguna manera podemos identificarnos en distintos momentos de nuestra vida, con las cuatro clases de terreno de la historia.  

Tenemos que estar atentos y cuidar la tierra, sin embargo, nuestra garantía está en la potencia de la semilla. Si nosotros hacemos nuestra parte, el resultado siempre será la cosecha.

La vida espiritual crece y se va transformando, con traspiés, con retrocesos, pero mientras persistamos en comunión con el Espíritu Santo, vamos a ver crecimiento.

Hay varias cosas que necesitamos hacer: Escuchar la palabra, atraparla, retenerla con corazón bueno y recto, permitir que penetre hasta lo más profundo de nuestro ser y luego ponerla en acción. Para cada una de estas acciones tenemos el gran respaldo de la comunidad de nuestra iglesia. La semilla de la Palabra es diaria a través de nuestros devocionales, la oración es diaria con propuestas y cadenas de oración por WhatsApp y en las redes, la comunión, el consuelo, y la amistad espiritual riegan de bendición nuestra vida porque somos parte de una tierra permeable y fértil. 

Gracias por leernos y compartirnos… sigamos juntos sembrando la semilla de las Buenas Noticias

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