Yo recibí del Señor lo mismo que les he enseñado a ustedes: Que la noche que fue entregado, el Señor Jesús tomó pan, y que luego de dar gracias, lo partió y dijo: «Tomen y coman. Esto es mi cuerpo, que por ustedes es partido; hagan esto en mi memoria.» Asimismo, después de cenar tomó la copa y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que la beban, en mi memoria.» Por lo tanto, siempre que coman este pan, y beban esta copa, proclaman la muerte del Señor, hasta que él venga.
1° Corintios 11:23-26 (RVC)
Jesús antes de ir a la cruz celebró la pascua con sus discípulos y allí instituyó lo que hoy conocemos como la Cena del Señor. Este es un momento para recordar Su sacrificio, hacer memoria, dedicar un tiempo y espacio determinados para celebrar el ritual de partir el pan.
Es posible que la expresión “ritual” te suene mal y de inmediato tu mente la asocie con costumbres que se repiten por tradición, pero carentes de sentido. Sin embargo, todo depende de la motivación con la que participamos del ritual. Nuestro Señor celebró todos los rituales, desde niño. En una ocasión sus padres lo perdieron en el camino.
¿Recordás la historia?
Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Y pensando que estaba entre la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?
Lucas 2:41-49 (RVR60)
María, José y el Señor iban junto con todos los demás hacia Jerusalén todos los años a celebrar la pascua. Era un ritual. Jesús participó como todos los demás, pero también ya en ese momento marcó una diferencia: decidió quedarse en el templo para escuchar a los doctores de la ley y hacerles preguntas. Lo que era importante para su Padre, también lo era para Él.
¿Cuál es la función que tienen los rituales? Fortalecen el sentido de comunidad.
“Los ritos son acciones simbólicas. Transmiten y representan aquellos valores y órdenes que mantienen cohesionada una comunidad. Generan una comunidad sin comunicación, mientras que lo que hoy predomina es una comunicación sin comunidad. De los rituales es constitutiva la percepción simbólica. El símbolo (…) significaba originalmente un signo de reconocimiento o una contraseña entre gente hospitalaria. Uno de los huéspedes rompe una tablilla de arcilla, se queda con una mitad y entrega la otra mitad al otro en señal de hospitalidad. De este modo, el símbolo sirve para reconocerse (…) al ser una forma de reconocimiento, la percepción simbólica percibe lo duradero.
Los rituales dan estabilidad a la vida” (Byun-Chul Han La desaparición de los rituales)
En una época en que la información fluye sin interrupción y el sentido de comunidad se resquebraja, los cristianos cada vez que participamos del pan y el vino, símbolos de lo cotidiano, comunicamos poderosamente que Cristo murió hasta que Él vuelva por los suyos.
Relacionándolo con lo que decía el filósofo contemporáneo este ritual pleno de sentido nos cohesiona, es nuestro signo de reconocimiento mutuo.
En la Cena del Señor Jesucristo, cuando tomamos la copa y pedimos que Dios la bendiga, todos nosotros estamos participando de la sangre de Cristo. Y cuando partimos el pan, también participamos todos del cuerpo de Cristo. Aunque somos muchos, somos un solo cuerpo, porque comemos de un solo pan.
1° Corintios 10:16 y 17 (TLA)
La Cena del Señor nos permite recordar y celebrar. Recordamos lo que él hizo por nosotros y celebramos la vida que recibimos como resultado de su sacrificio.
Jesús estaba acostumbrado a los rituales, pero este pedido suena como una despedida sentida y emocional de alguien que no quería ser olvidado, y además sería de edificación y compromiso con la misión. Recuérdenme… extráñenme, no se alejen de mí. Un pedido lleno de ternura y amor. Una propuesta de amistad que se renovaría cada vez que comieran pan o tomaran vino.
Estoy dejándoles muchos motivos para que no se olviden de mí
