Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo.
Hechos 2: 1-4 RV190
Cuando estaban unánimes el Espíritu vino.
Con esta única frase podríamos terminar este devocional…
Estamos llamados a ser luz del mundo, y no podemos alumbrar detrás del desinterés, la desidia, el individualismo o la falta de amor por nuestra familia espiritual.
Lo que distinguía a la primera iglesia era la hermandad y el compromiso.
Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
Hechos 2: 44- 47 RV1960
Vivir así hoy puede ser una utopía, pero aun sin dejar de vivir nuestras rutinas y actividades podemos ser una iglesia de personas que se distinguen del resto por amarse, respetarse y mantenerse unidas a pesar de las diferencias.
Entonces los dones del Espíritu edificarán de manera sobrenatural a la iglesia, cada uno en el lugar que Dios le da para servir, acompañar, enseñar, orar y edificar un altar de adoración.
Todos somos necesarios.
Hay diferentes clases de dones espirituales, pero todos vienen del mismo Espíritu.Hay diferentes formas de servir, pero hay un solo Señor.Hay diferentes formas de actuar, pero hay un solo Dios que trabaja entre nosotros en todo lo que hacemos.El Espíritu se muestra de manera diferente en cada uno para beneficio de todos.
1° Corintios 12: 4-4 PDT
Los dones son un regalo de Dios para ponerlos al servicio del cuerpo de Cristo. Si no estás activa, si no estás involucrado, el cuerpo se resiente. El apóstol Pablo lo ilustraba muy bien al decir: El ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito».
Yo te necesito, y vos necesitás a la iglesia. Somos un solo cuerpo, una familia, diseño de Papá, fruto del sacrificio de Jesucristo y alistados por el Espíritu.
Decile SÍ al Señor, decile: “Me voy a esforzar por darle prioridad al cuerpo de Cristo.”
Ruth O. Herrera
