Envía tu luz y tu verdad, que ellas me guíen. Que me lleven a tu monte santo, al lugar donde vives. Allí iré al altar de Dios, a Dios mismo, la fuente de toda mi alegría. Te alabaré con mi arpa, ¡oh Dios, mi Dios! ¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!
Salmo 43. 3-5 NTV
Los temas que aborda este salmo son similares a los del salmo 42, debido a esto, algunos comentaristas consideran que en realidad son uno solo que fue dividido en dos.
El escritor está desanimado y triste, por eso necesita que Dios le mande su luz y su verdad, que lo guíe hasta su misma presencia. Es allí donde hace tres planes para el futuro:
-Iré al altar, a Dios mismo.
-Lo alabaré
– Pondré mi esperanza en Él
Es evidente que sus preguntas aún continuaban sin respuesta, porque sigue hablando de desánimo y tristeza, pero dirige sus pasos hacia el mañana. Sabe que su futuro está en manos de Dios.
Ir al altar es una decisión, no importa nuestro estado de ánimo, el Señor siempre nos recibirá tal y como estemos.
Poner nuestra esperanza en Él es colocar nuestras expectativas en un lugar seguro. Los que confían en Él jamás serán defraudados. Generalmente no hay soluciones ni respuestas fáciles, los días pueden parecer interminables. El proceso de transición afecta nuestras emociones. Esto lo sabían los escritores bíblicos por eso reconocen que
La esperanza que se demora es tormento del corazón…
Proverbios 13:12a RVR60
Como decíamos, los tiempos de espera nos dan la oportunidad para volcar nuestro corazón delante de Papá. Además esos encuentros pueden habilitar una especie de “macerado” espiritual. ¿Qué intento decirte con esto? Te propongo que me acompañes en un ejemplo que viene de la gastronomía…
En algunas recetas de cocina podemos leer que en las instrucciones se sugiere lo siguiente: “Dejar macerar la carne durante toda la noche en un recipiente con una mezcla de líquidos y hierbas aromáticas”… Hay que esperar.
Si sos del grupo de los impacientes, tal vez apures un poco el proceso y pienses “con quince minutos alcanza” no voy a perder una noche en esto. Sin embargo, si no seguís las instrucciones, el aroma y el sabor serán diferentes. Si querés apurar el proceso, el resultado se altera y la comida no queda como la planeó el chef que inventó esa receta.
Bueno, de la misma manera, insistir en encontrarte con Dios; colocarte voluntariamente en el lugar de la dependencia e incluso soportar la espera van a “macerar” tu espíritu. ¿Cuánto tiempo es necesario? Solo Él lo sabe. Esto que es verdad para una persona, se potencia si lo vivimos en comunidad.
Si hace mucho tiempo que estás esperando en Dios y aun no recibís ni un atisbo de respuesta, quiero animarte a que no te des por vencido. Insistí en tu tiempo de oración a solas y también aprovechá los momentos especiales que te provee La Casa del Padre para orar en comunidad. Dios quiere abrirse paso en tu interior para que experimentes un tiempo nuevo.
Mónica Lemos
