A través de la fe, Cristo nos ha traído al generoso amor de Dios que ahora disfrutamos, y estamos felices con la esperanza de compartir la gloria de Dios. Pero hay más, podemos sentirnos felices aun cuando tenemos sufrimientos porque los sufrimientos nos enseñan a ser pacientes. Si tenemos paciencia, nuestro carácter se fortalece y con un carácter así, nuestra esperanza aumenta. Esa esperanza no nos va a fallar porque Dios nos dio el Espíritu Santo, quien ha derramado el amor de Dios en nosotros.
Romanos 5: 2-5 (PDT)
Comenzamos la semana hablando de las tormentas de la vida y de la necesidad que tenemos de apagar nuestra sed solamente en Dios. Aunque parezca que todo está perdido Él es el único que puede hacer que lo seco reverdezca y que lo que está envejecido se renueve.
Para que esto suceda debemos tomar decisiones en el tiempo oportuno, no podemos evitar las crisis, pero podemos elegir enfocarnos y dirigir nuestra mirada al único que puede enviar la luz que alumbre nuestro camino y la verdad que nos dirija a buen destino. El salmista decidió tres cosas:
-Ir al altar
-Alabar a Dios
-Poner su esperanza en Él.
Los tiempos de espera pueden convertirse en tiempos de búsqueda de Dios, recibir el agua del Espíritu puede hacer que el valle de lágrimas se transforme en fuente que salpique y aun bendiga a otros.
Cuando decidimos ir a la presencia de Dios y alabarlo, a veces podemos sentir que no podemos cantar. Aunque alabar es más que cantar, el canto siempre fue un medio para expresar nuestros sentimientos de amor y nuestro reconocimiento al Señor. Y a veces, estamos en “tierra extraña” lugares o situaciones que no hemos elegido y que nos entristecen, nos angustian o nos hacen daño. Colgar nuestras “arpas” es lo humanamente lógico, pero no lo más sabio. En medio de cualquier problema o dificultad cantar reconociendo a Aquel que es fiel nos llevará de nuevo “a casa” aunque nuestras emociones tarden un poquito en acomodarse. No permitas que tus emociones te guíen, dejá que el Señor toque en profundidad tus emociones.
Por último hablamos de la esperanza. ¿Recuerdan las tres decisiones de los hijos de Coré? Ir al altar, alabar al Señor y poner la esperanza en Él.
Dijimos que cuando la crisis se instala, la duda ingresa por algún lugarcito, alguna hendidura, aunque sea un pequeño espacio. ¡Los tiempos de incertidumbre ponen a prueba nuestra fe de una manera única! La falta de respuestas o la demora son como una lupa que nos ayuda a detectar falencias y debilidades que tal vez nunca habíamos visto, porque no habíamos estado sometidos a tanta presión. Si a esto le sumamos que el mundo no se detiene porque tengamos problemas, estemos como estemos tenemos obligaciones que cumplir, nuestra familia sigue necesitando afecto, cobijo, comida y reconocimiento de nuestra parte para seguir creciendo; las demandas laborales no disminuyen, al contrario, a veces aumentan y suman presión… En ese momento en que no hay motivos para tener esperanza es cuando Dios invita a recordar que Él es el único motivo firme, seguro, por el que nuestra esperanza tiene sentido y nunca será en vano.
Mónica Lemos
