La muerte me envolvió en sus lazos; me encontré en trampas mortales. En mi angustia llamé al Señor, pedí ayuda a mi Dios, y él me escuchó desde su templo; ¡mis gritos llegaron a sus oídos!
Salmo 18: 4-6 DHH
Este salmo es un duplicado de 2 Samuel 22 y pudo ser escrito cuando David era anciano, en tiempos de paz
La intimidad profunda y el amor apasionado de un hombre hacia su Dios han sido fuente de inspiración, consuelo y fortaleza para aquellos que a lo largo de tres mil años han sabido beber en el libro de los Salmos el agua viva que sana corazones quebrantados.
Gran parte de los Salmos, que son poemas y canciones como los corridos que cuentan una historia, brotaron del corazón del rey David en momentos de profunda angustia, cuando se hallaba en peligro de muerte. Así lo expresó el mismo David en su encuentro secreto con su amigo Jonatán: «Vive el Eterno y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte» 1 Samuel 20:3
Por Mario Hernández
David fue pastor de ovejas, escudero, soldado y rey, y en cada una de esas etapas vivió tiempos difíciles y de gran angustia. Un hombre conocedor de la tristeza y la soledad, la falta de lealtad y la ausencia de amigos. Desde muy joven sintió el juicio de sus hermanos y la desconfianza del rey.
Por eso cada uno de sus salmos tiene tanto valor y profundidad, porque no solo expresa sus propios sentimientos, sino los de toda la humanidad.
Por eso los versos de David nos identifican y nos describen a todos a lo largo del tiempo cuando parece que estamos a punto de perder la fe y entramos en un tiempo de desconcierto y angustia.
Creer que la duda es ajena al cristiano no tiene relación con la naturaleza del género humano.
La palabra “preocupación” en inglés es strangle o choke y significa «estrangular» o «atragantarse», y esto es justo lo que sentimos frente a la preocupación que nos provoca ansiedad, inquietud o duda. En español podemos dividir la palabra “pre- ocupación”, y nos ayuda a entender que muchas veces nos angustiamos de antemano por lo que nos “ocupa” y debemos resolver, lo que nos trae desasosiego y nos impacienta.
Muchas veces la ansiedad, la preocupación y la intranquilidad juegan en contra de nuestra fe. Esta es una experiencia que viví y es muy probable que vos también, cuando entramos en la lucha de “la realidad vs. la fe”
El dolor y los problemas extremos nos confrontan con nuestra convicción y es ahí cuando el amor y la eterna paciencia de Papá nos sostienen. Fue el mismo Jesús que, conociendo en primera persona nuestra debilidad en los momentos más difíciles, nos dio la esperanza de su promesa…
Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
Juan 16:33 RV1960
Estamos en días difíciles, las noticias del mundo no son alentadoras. Vivir mirando la realidad puede debilitar nuestra fe o angustiarnos. Aun así no debemos vivir ajenos a ella y más aún debemos ser quienes alentemos y sostengamos a muchos alrededor nuestro, aquellos que se debilitan y pierden sus fuerzas.
No es fácil… claro que no, pero este ejercicio debe ser diario, e insistente. Llevar nuestras cargas y también las ajenas cautivas a los pensamientos de Jesús es nuestra mejor arma en contra de la ansiedad.
Te propongo que hoy repitas esta promesa y también puedas compartirla con alguien que no tenga un buen día:
Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.
2 Corintios 1:5 RVR60
Ruth O. Herrera
