La fiesta injusta

“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.”

El hermano mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió y le suplicó que entrara…

Lucas 15: 28 (NTV)

¡No, no y no! ¡No es justo! Si no es como yo quiero… No se lo merece. Yo soy el primogénito, el derecho es mío.

El padre ordena matar el cordero “engordado”, o sea, el que se reservaba para una gran ocasión. ¿No estarías indignado, furiosa? En lo personal, estaría, al menos, totalmente en desacuerdo.

Cuando era chica en la escuela y también en la iglesia jugábamos a “el que se fue a Sevilla perdió su silla”. A veces más que un juego, era una competencia feroz. Generalmente más de uno se caía, o le sacaban la última silla a propósito. Si no conoces el juego, que es muy probable, la idea era sentarse en la ultima silla disponible de la ronda.  

En los juegos sencillos y en la vida en general la competencia y el tener un lugar en el podio es por naturaleza parte de la vida. Nadie cree haber nacido para ser un perdedor y estar contento/a.

La rivalidad no siempre aparece como nociva, generalmente la titulamos “justicia”.

Y en esta familia, el padre y sus dos hijos, ninguno de los herederos tenía un sentido de justicia y misericordia combinada. Pero a esto se le suma un padre absolutamente generoso y tierno.

El mejor vestido, perfumado y limpio, de tela suave. El anillo, sinónimo de pertenencia y autoridad en la casa. Sandalias nuevas, totalmente contrarias al aspecto de un esclavo que, en general, estaban descalzos.

La fiesta, la mejor comida, los invitados, la mesa ampulosa, el vino en cada copa de los comensales, un derroche de dinero. Y encima los esclavos y jornaleros como invitados. Un delirio según el criterio del hijo más sensato, obediente, capaz y sobre todo, el primogénito. Él era el que tenía la mayor parte de la herencia por ley. Y ahora el padre la derrochaba sin siquiera consultarlo. Si al menos lo hubieran hablado, si su opinión hubiese sido considerada. Pero el deslomado y cansado hijo mayor no pudo soportar el regreso del hermano desaparecido, “muerto” según su padre.

Esta historia de alguna manera refleja a toda familia sobre la faz de la tierra. Nadie puede asegurar que en la historia familiar no hubo o hay peleas, desacuerdos, herencias, y al menos alguna mala intención. Algún capricho del estilo “Si no es mi idea, no estoy de acuerdo.”

Al terminar esta serie de devocionales hemos transitado varios perfiles de la historia, y en todos pudimos identificarnos.

Hoy pensemos en nuestra familia, en las relaciones más cercanas o más bien distantes, en los conflictos heredados y en el “tener la razón”.

Muchas veces hay rivalidades heredadas. Otras veces distanciamientos sin saber el motivo. ¿Te suena cercano? Entonces usá tu herencia para acercar, recomponer, re conectar y no te quedes afuera del plan del Padre, que es “la unidad”. Entre los tres protagonistas elegí al que dio otra oportunidad y dales a otros la injusta oportunidad de la misericordia.

 

Ruth O. Herrera