La Herencia Presente

“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos, juntos también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas.” 

«Un hombre tenía dos hijos —continuó Jesús—. El menor de ellos le dijo a su padre: ‘Papá, dame lo que me toca de la herencia’. Así que el padre repartió sus bienes entre los dos.»

Lucas 15:11-12 (NVI)

Somos herederos antes de pedir.

Te propongo imaginar la vida del hijo menor el día antes de hacer su audaz petición.

Seguramente pensó, evaluó, meditó, e hizo su elección al pedir «lo que le tocaba». Y, equivocado, redujo su identidad de hijo a la de un mero beneficiario de un testamento. No entendió que la verdadera riqueza no era lo que el padre tenía, que era mucho, sino el Padre mismo. Era él de quién dependía su herencia y su futuro.

 Al marcharse con el dinero, en realidad se estaba yendo más pobre que nunca, porque estaba abandonando la fuente inagotable para conformarse con un charco que se secaba con el tiempo. El consideró más importante el usufructo y cometió un error de perspectiva 

Pidió la herencia, pero en realidad solo quería el usufructo. Valoró el dinero en la mano y a su disposición, más que la fuente que lo generaba. No dimensionó que mientras estuviera en casa, la herencia no tenía límite. Al pedir “su parte” y alejarse, cambió un río inagotable por un balde. Se llevó el fruto, pero dejó la raíz.

Si somos honestos, al mirar el rostro de este joven antes de partir, muchas veces podemos ver nuestro propio reflejo. No siempre tenemos la verdadera perspectiva de nuestra bendición. Vivimos esperando nuestra «herencia» como si fuera un evento puramente futuro. Tenemos conciencia de eternidad si pensamos en las calles de oro, del cielo, de la vida eterna después de la muerte. Pero, como el hijo pródigo, nos olvidamos que ya estamos habitando en la casa del Padre.

Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo.

Efesios 1: 3 (NTV)

El apóstol Pablo nos despierta a esta realidad en Efesios. Escribió de esto en el tiempo verbal presente. Ya está hecho.

Hoy, en este exacto momento, somos herederos de una herencia inagotable.

No tenemos que convencer a Dios de que nos dé una porción de Su amor; Su gracia completa es constante y fluye cada día. No tenemos que rogar por una gota de poder; el Espíritu Santo ya habita en nosotros. Las armas de nuestra misión, que no son naturales ni carnales, son una realidad que no siempre usamos.

¿Cómo estamos usando nuestra herencia hoy? La pregunta crucial no es si Dios nos dará nuestra herencia, sino ¿qué estamos haciendo con la herencia que ya tenemos en nuestras manos hoy?

 

Ruth O. Herrera