Cuando todavía estaba con los apóstoles, Jesús les advirtió que no debían irse de Jerusalén.
Les dijo: —Esperen a que se cumpla la promesa que mi Padre les hizo, de la cual yo les hablé. Es cierto que Juan bautizó con agua, pero dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.
(…) pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra.
Hechos 1:4,5 y 8 DHH
Como iglesia estamos estudiando el libro de Hechos de los Apóstoles. En realidad, son los hechos de las obras del Espíritu Santo en la iglesia naciente.
Después que Jesucristo ascendió a los cielos se formó una iglesia dispuesta a experimentar las enseñanzas de Jesús y la obra del Espíritu Santo.
El libro de Hechos comienza diciendo que había una promesa a esa iglesia naciente: “Recibir poder cuando viniera el Espíritu Santo”
Y a partir de esa experiencia, cumplir el compromiso de ser testigos primeramente en Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra. En esa dinámica espiritual se movió la iglesia primitiva.
Algunos teólogos dicen que actualmente estamos viviendo justamente “Los hechos de los apóstoles”, el capítulo de la hoja en blanco. ¿Qué significa eso? Que la iglesia de Jesucristo hoy, vos y yo, estamos escribiendo la historia actual sobre el accionar del Espíritu Santo.
Si de verdad lo vivimos así, es un privilegio enorme el ser llamados a escribir cada día una nueva historia del obrar del Espíritu Santo en nuestra generación.
Vos y yo estamos siendo desafiados a vivir de manera trascendente, abiertos a lo nuevo que Dios quiere darnos: Una vida poderosa que permanece en los cambios que Papá produce.
Caminando en la vida y en lo cotidiano en esta premisa, podemos ser personas comunes pero llenas del amor y poder del Señor, capaces de cambiar la realidad en la que vivimos porque caminamos en intimidad con Él; recibiendo poder y autoridad para sanar, liberar, consolar y desatar vida nueva y bendición para el que necesita.
Estamos transformando la historia, seguimos escribiendo “los hechos del Espíritu Santo” y dejaremos herencia bendita a nuestros hijos y nietos, a las generaciones que vendrán.
Empezá la semana pidiendo a Papi que renueve esa conciencia del poder que está en vos y del protagonismo que Él quiere tener a través tuyo, después, caminá declarando: “Yo seré quien cambie la historia en esta ciudad…”
