La huida

(Inspirado en el mensaje del pastor Milton Cariaga del 24 de abril)

Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán.  Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar.  Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.  Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.  He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.  Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.  Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.

Génesis 28: 10-17 (RVR60)

El mimado de mamá, el hombre calmo y astuto que ya había obtenido la primogenitura y la bendición de su padre, tuvo que salir rápido del lugar donde siempre había vivido porque su vida corría peligro.

La madre lo envió con su pariente Labán para ponerlo a salvo; ella pensó que sería por poco tiempo, pero la realidad resultó muy diferente… casi fue un destierro.

Jacob está en pleno viaje, la noche y unas piedras que convierte en improvisada almohada son sus únicas compañías…o no. De pronto se queda dormido y sueña con ¡Escaleras y ángeles! El cielo se abrió para alguien que no era precisamente el ejemplo que cualquiera de nosotros quisiera imitar. La experiencia sobrenatural de Jacob fue pura gracia de Dios. Aún antes de la venida de Jesús, en el Antiguo Testamento vemos a Dios no resistirse por manifestar su infinita Gracia.

Si leíste alguna vez toda la historia coincidirás conmigo en que con todo lo que vivió después iba a necesitar afirmarse en la misericordia y en las promesas de Papá.

Durante todo el tiempo en que vivió con su tío experimentó lo mismo que él había hecho. El hombre astuto tuvo que convivir con Labán que era más astuto que él. Sus esposas, que también eran hermanas, competían entre ellas, tenían envidia una de la otra y, por supuesto negociaban.  ¡Es increíble como repetían la historia familiar aun a muchísimos kilómetros de distancia!

Jacob, que había obtenido la primogenitura a cambio de un plato de guiso, ahora era una especie de trofeo para sus esposas. Raquel obtenía la atención de su marido a cambio de unas frutas que le había canjeado a su hermana.  

Un día, durante la cosecha del trigo, Rubén salió al campo y encontró unas frutas llamadas mandrágoras. Entonces se las llevó a su madre Lía. Al ver las frutas, Raquel le rogó a Lía que le diera algunas, pero Lía le respondió: —Ya me quitaste el marido, ¿y ahora quieres quitarme las frutas que me trajo mi hijo? Raquel le propuso: —Si me das las mandrágoras, Jacob dormirá contigo esta noche. Esa noche, cuando Jacob regresó del campo, Lía salió a su encuentro y le dijo: «Esta noche la vas a pasar conmigo, pues te he alquilado a cambio de las mandrágoras que me dio mi hijo».

Génesis 30:14-16 (TLA)

Dicen que el tiempo y la distancia todo lo curan, no siempre es así. Lo real es que arrastramos los problemas que no hemos resuelto así nos traslademos a miles de kilómetros de distancia. Jacob huyó, pero su mochila emocional iba con él y no le permitía vivir en libertad. Su engaño original parecía reproducirse una y otra vez, y el engañador no podía dejar de ser engañado y manipulado por quienes lo rodeaban…

Si podés reconocer en este personaje algo de tu historia que seguís repitiendo y que te acompaña vayas donde vayas, es momento de hacer un alto y recurrir a la gracia del Señor. Pedirle que te permita sacarte la carga de los hombros, librarte del peso y del pecado que te asedia. Papá quiere que vayas liviano por la vida. Su palabra es verdad.

Hoy es un buen día para que medites si en tu vida se siguen repitiendo patrones, costumbres, mandatos o ideas familiares que no te permiten disfrutar la plena voluntad de Dios para tu vida.

Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Hebreos 12:1 (RVR60)

Mónica Lemos