La Iglesia viendo lo imposible

Al atardecer, los discípulos se le acercaron y le dijeron: —Este es un lugar alejado y ya se está haciendo tarde. Despide a las multitudes para que puedan ir a las granjas y aldeas cercanas a comprar algo de comer. Jesús les dijo: —Denles ustedes de comer.

—¿Con qué? —preguntaron—. ¡Tendríamos que trabajar durante meses para ganar suficiente a fin de comprar comida para toda esta gente!

Marcos 6: 35-37

(Énfasis del autor)

 

¿Te imaginas cómo se sintieron los discípulos en ese momento? No podían salir de su asombro. ¿Por qué el Maestro los haría cargo a ellos de semejante situación?  ¡No Señor imposible y también injusto! Ellos vinieron por sí mismos y tienen que hacerse cargo.

Pero Jesús los provocó y puso entre la espada y la pared. El Maestro desafió a sus discípulos, (la iglesia), a hacer lo imposible, quería poner en las manos de ellos semejante milagro.

 

Los discípulos ya habían cumplido otras misiones, y estaban “para otra cosa”, pensaron que su tarea superaba el ser mandaderos de la multitud. Habían predicado, sanado enfermos, liberado endemoniados. Además, Jesús mismo les había dicho que tenían que descansar después de un día agotador y ahora le pide algo más.

Pero para Jesús la necesidad de la gente siempre era (y es) prioridad.

 

Esta era una lección maravillosa que debían experimentar… un milagro diferente.

Estaban en un lugar apartado, era tarde, y la gente tenía hambre. Jesús provocaría un impacto suficiente en cada uno de ellos, los que debían resolver el problema y los que comieran del milagro.

Encontraron pocos panes y menos peces y fueron suficientes ¡Y aquí viene el milagro! A medida que los discípulos distribuían la comida, vieron cómo los cinco panes y los dos pescados alcanzaban para todos, ¡y aún sobraba comida!

 

Dios puede hacer mucho con poco.

Consideremos la importancia de la obediencia. Los discípulos podrían haber insistido en el cuestionamiento de la orden de Jesús o haberse negado a obedecerla debido a su incredulidad, pero en su lugar, actuaron según la palabra de Jesús y presenciaron un milagro asombroso.

 

A veces, la obediencia a Dios puede parecer difícil o incluso imposible, pero cuando confiamos en Él y obedecemos, podemos ver su poder obrando en nuestras vidas de maneras increíbles.

Los discípulos experimentaron el poder de la obediencia, pusieron el cuerpo e interpretaron la compasión del Maestro por la gente

Eso panes y peces ni siquiera hubiera alcanzado para ellos. Así que fueron en la obediencia generadores del milagro, practicantes de la misericordia y afirmaron su lugar de servidores. Todo esto fue fundamental para que el evangelio siga invadiendo la tierra.

Reflejamos el carácter de Dios cuando invertimos nuestro tiempo, talentos, recursos o amor, cuando damos libremente. Podemos alimentar dando la Gracia de Dios a uno, diez o cientos porque los milagros de la iglesia están en nuestras manos.

 

Ruth O. Herrera