El hombre dijo: —La mujer que me diste por compañera me dio del fruto de ese árbol, y yo comí.
Luego el SEÑOR Dios le preguntó a la mujer: —¿Conque esas tenemos? Y la mujer respondió: —La serpiente me engañó y yo comí.
Génesis 3: 12-13 PDT
(Énfasis del autor)
Charles Colson fue un político estadounidense que estuvo involucrado en el escándalo Watergate. Asesor del presidente Richard Nixon, se involucró en actividades ilegales de encubrimiento y obstrucción. Después de ser condenado y encarcelado, se convirtió al cristianismo y llegó a ser un defensor de la justicia y de la reconciliación, escritor y promotor de la integridad. Fundó la organización “Prision Fellowship” para ayudar a las familias de quienes estaban en prisión.
Creo que una de las cosas más complicadas y difíciles de hacer es reconocer un error. No me refiero a una confusión o equivocación digamos… “sencilla”. Pienso en esas actitudes y decisiones que traen serias consecuencias, que dañan… que llegan a matar la confianza.
Desde la infancia, todos ocultamos alguna macana. El resultado más obvio es la necesidad de mentir, echar la culpa a un inocente o hacerse el distraído. El “yo no fui” “no tengo idea” “quizás fue…”. Estoy casi casi convencida de que no hay una persona que no haya dicho, alguna vez, estas frases.
Como si la responsabilidad o la culpa siempre fueran ajenas…
Es muy feo ser descubierto. Es muy incómodo tener que reconocer un error… un pecado. Jesús fue y es un experto conocedor de la genética de la no culpa. Y aun así murió por personas que nunca serán capaces de arrepentirse. Ese es el amor más alto, más profundo, más ancho que jamás nadie podrá expresar.
La mujer que tu me diste, la serpiente… cualquiera menos yo.
La confesión es un acto de humildad y reconocimiento de nuestra debilidad y pecado. Al confesar nuestros pecados, reconocemos que no somos perfectos y que necesitamos la ayuda y el perdón de Dios.
La confesión es un paso hacia la intimidad con Dios. Al confesar nuestros pecados y debilidades, podemos crear un espacio para la conexión y la intimidad con Dios.
El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos, hallará misericordia.
Proverbios 28:13
Te invito a reflexionar sobre tus propias experiencias de confesión y pecado. ¿Hay algo en tu vida que necesitás confesar y dejar atrás? ¿Estás dispuesto a tomar la iniciativa de confesar tus pecados y debilidades para encontrar perdón y libertad?
Si te parece oportuno, te comparto esta oración para que la hagas personal: “Papá te pido que me ayudes a reconocer la importancia de la confesión en mi vida. Ayudame a confesar mis debilidades, a encontrar tu perdón. Dame la valentía para ser honesto con vos y conmigo mismo, y de esa manera, encontrar paz y restauración.
En el nombre de Jesús, amén”.
Ruth O. Herrera
