Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era. Jesús les preguntó: —¿De qué van hablando ustedes por el camino? Se detuvieron tristes, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: —¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?
Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba a seguir adelante. Pero ellos lo obligaron a quedarse, diciendo: —Quédate con nosotros, porque ya es tarde. Se está haciendo de noche. Jesús entró, pues, para quedarse con ellos. Cuando ya estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero él desapareció. Y se dijeron el uno al otro: —¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Lucas 24:16-18, 28-32 DHH
(Énfasis del autor)
¿Lo viste hoy? ¿Compartiste el desayuno o el almuerzo con Él? Los discípulos en el camino a Emaus estaban tan tristes, con tantas preguntas sin respuesta, tan lejos de todo lo que Jesús les había prometido que no lo veían.
Desde entonces, Jesús comenzó a explicarles a sus seguidores que tendría que ir a Jerusalén, y que los ancianos líderes, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo harían sufrir mucho. Tendría que morir, pero a los tres días resucitaría.
Mateo 16: 21 PDT
Este pasaje no necesita mucho comentario. ¿Cuántas veces no lo viste? Seguro muchas veces estuvo en tu mesa, pero no lo reconociste. Por eso hoy, al terminar esta serie de devocionales, te invito a preguntarte:
¿A quién invito a mi mesa más seguido? ¿Con quién desayuné hoy? ¿Qué o quién se sienta en Su lugar? ¿Inseguridad, enojo, miedo…? Ayer mismo, en casa, pensando en una serie de circunstancias alrededor mío, me senté en la mesa de mis angustiadores. No es pecado, pero Jesús me ofrece otra mesa, otro menú.
Si ya me preparó y te preparó un lugar en la eternidad, ¿por qué vivimos como si no se sentara a nuestra mesa hoy? Necesitamos recordar, repetir y vivir en plenitud este verso del Salmo 23:5:
Aunque se enojen mis enemigos, tú me ofreces un banquete y me llenas de felicidad; ¡me das un trato especial! TLA
Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos. Me honras ungiendo mi cabeza con aceite. Mi copa se desborda de bendiciones. NTV
Lo más hermoso de invitar a mi casa a Jesús es que Él mismo es quien prepara el banquete. Y si mi día no es bueno, camina y se sienta conmigo aunque no lo vea.
Hoy es el Rey de reyes quien te dice: “La mesa está servida”
Ruth O. Herrera
