La oración comunitaria

Porque tú respondes a nuestras oraciones. Todos nosotros tenemos que acudir a ti. Aunque nuestros pecados nos abruman,  tú los perdonas todos. ¡Cuánta alegría para los que escoges y acercas a ti,  aquellos que viven en tus santos atrios! ¡Qué festejos nos esperan    dentro de tu santo templo! Fielmente respondes a nuestras oraciones con imponentes obras,    oh Dios nuestro salvador. Eres la esperanza de todos los que habitan la tierra,  incluso de los que navegan en mares distantes.

Salmo 65: 2-5 (NTV)

(Énfasis del autor)

 

¡Cuánto se ha escrito acerca de la oración! Si sos cristiano desde hace mucho tiempo seguramente podrías recitar varios textos de memoria sobre este tema. La oración nos ayuda a enfocarnos en Dios. No solo reconocemos que dependemos de Él para cada necesidad o desafío sino que muchas veces podemos orar por el simple hecho de pasar un rato charlando con nuestro Papá. Es un excelente hábito. Todos los días tenés la oportunidad de llevarlo a la práctica a solas.

 

De hecho, los personajes bíblicos más destacados oraban regularmente. ¿Te acordás de Daniel? Oraba todos los días, tres veces por día con las ventanas abiertas. Estaba solo en un país que adoraba a otros dioses.  Sin embargo hablar con Dios formaba parte de su rutina diaria. 

Muchas veces solemos rechazar las rutinas o hábitos como si fueran malos  o aburridos en sí mismos. No lo son. Todo depende de la motivación del que ora. Podemos compararlos con las conversaciones… a menudo la gente habla simplemente por no estar callada, incluso en lugares públicos. Otras veces, en cambio, pueden surgir oportunidades de mantener un diálogo donde los participantes se enriquezcan mutuamente.

Con la oración sucede algo similar. En este caso, la oración comunitaria que hacemos durante los encuentros de grupos pequeños y cultos del domingo es una oportunidad para unirte a tus hermanos, dejar de lado tus propias preocupaciones y compartir un tiempo de oración dirigidos por el Espíritu Santo. Pablo recomendaba esto a la iglesia de Éfeso.

 

No se olviden de orar. Y siempre que oren a Dios, dejen que los dirija el Espíritu Santo. Manténganse en estado de alerta, y no se den por vencidos. En sus oraciones, pidan siempre por todos los que forman parte del pueblo de Dios.

Efesios 6:18 (TLA)

 

La unidad de la iglesia se afirma también cuando oramos juntos, unos por otros.

 

Debemos ser hombres de Dios y, para decirlo más sencillamente, hombres de oración con el suficiente valor para arrojarnos en ese misterio de silencio que se llama Dios sin recibir aparentemente otra respuesta que la fuerza de seguir creyendo, esperando, amando y, por tanto, orando”. (Karl Rahner)

 

El interceder orando juntos significa asociarnos con Dios a favor de nuestros hermanos. Cuando estrechamos lazos en el Espíritu, la iglesia puede seguir desarrollando un ministerio efectivo.

 

Cada oración a favor de otro me conecta de manera visible, interna y comprometida. Sana heridas y malos entendidos y es fundamental para desatar perdón. Me atrevo a decir que quien no puede orar sinceramente por quien lo ofendió todavía no pudo perdonar.

 

Leí alguna vez una frase que decía: “La oración es el lenguaje del cielo”, y más allá de ser poética define lo particular de centrar nuestras emociones, pensamientos y dedicación para establecer un vínculo profundo con nuestro Señor.

 

Desde el ministerio de La Casa del Padre, como iglesia y familia de la fe te animamos, invitamos y desafiamos a que te unas a los grupos de oración como resultado de tu propio tiempo y convicción de oración personal.

 

Oremos juntos…