Seguimos acompañando el estudio de las parábolas juntos a los grupos de red desarrollando ideas que acompañan la parábola del crecimiento.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos.
Isaías 55:10 y 11 (NVI)
Isaías utiliza esta ilustración, tomada de la naturaleza, para explicar de manera sencilla el efecto que produce la palabra que sale de la boca de Dios: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no regresan sin fecundar la tierra, Su palabra es totalmente efectiva para cumplir el propósito para el cual fue enviada. Nada de lo que Dios habla queda sin efecto. Siempre produce crecimiento, tanto en la naturaleza como en la vida de aquellos que la reciben.
Hay diferentes tipos de terreno, algunos son más fértiles que otros. La lluvia cae sobre todos, pero si la tierra es árida necesitará más cantidad y frecuencia de agua. Con nosotros pasa lo mismo, hay temporadas de nuestra vida en que somos terreno más fértil y pareciera que Su palabra penetra profundamente y germina. Vemos cambios y sentimos que estamos creciendo en la voluntad divina.
Ahora bien, también hay tiempos de “desierto” donde parece que nuestras vidas estuvieran en modo “impermeable”. Buscamos a Papá, leemos la Biblia, hacemos todo lo que está a nuestro alcance, pero aparentemente nada sucede. De pronto, un texto que hemos leído infinidad de veces hace eco en nuestro espíritu y nos nutre para que podamos responder a su llamado y ponernos en movimiento.
No siempre es fácil. La mayoría de los personajes bíblicos tuvieron que enfrentar dificultades de todo tipo. Algunos, como Moisés, pasaron de los lujos y la comodidad del palacio egipcio directamente al destierro. Y cuando ya se habían acostumbrado a una vida gris y rutinaria, el Señor habló con él y le dio una misión que parecía totalmente descabellada: enfrentar al faraón, sacar a sus hermanos de raza de la esclavitud y conducirlos a una tierra de libertad.
Una y otra vez, Moisés tuvo que aferrarse a la Palabra que había recibido para seguir
adelante en medio de las quejas, rebeldía, críticas e idolatría de la gente que lideraba.
En estos tiempos de resultados inmediatos, la más mínima demora nos produce ansiedad e inquietud y nos tienta a abandonar la tarea cuando las situaciones se complican todo el tiempo y no vemos un horizonte claro.
Es ahí donde necesitamos recordar que, así como la semilla necesita tiempo para germinar y dar fruto, nosotros necesitamos entrar en el proceso del Señor, un paso a la vez. Y confiar en que, a pesar de todo contratiempo, Papá siempre completará la obra que comenzó en los suyos.
Mónica Lemos
