Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús, porque la mujer les había dicho: «Él sabe todo lo que he hecho en la vida.» Por eso, cuando la gente del pueblo llegó a donde estaba Jesús, le rogó que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchas otras personas creyeron al oír lo que él decía.
San Juan 4: 39-41 TLA
Ayer reflexionábamos sobre la importancia de aprender a mirar los tiempos de acuerdo con la mirada celestial y citábamos el texto de San Juan 4: 35.
Ahora bien, ¿nunca te preguntaste por qué aparece la demanda del Señor de mirar los campos, la comparación con la siembra y la cosecha en medio del pasaje del encuentro con la mujer samaritana?
Es raro, parece que no tiene ninguna lógica. No obstante si leemos unos párrafos anteriores todo empieza a cobrar sentido ¿Qué había sucedido? Jesús tuvo una charla con una mujer samaritana junto a un pozo de agua. La historia es muy conocida y no hace falta abundar en detalles. Ese encuentro finaliza de la siguiente manera:
La mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y le dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que sabe todo lo que he hecho en la vida. ¡Podría ser el Mesías!» Entonces la gente salió del pueblo y fue a buscar a Jesús.
San Juan 4:29 y 30 TLA
La que había ido a buscar agua dejó el balde y volvió al pueblo. ¿Por qué?
Mientras tanto regresaron los discípulos que habían ido a comprar comida e insistían para que el Señor se alimentara. De nuevo se produjo una conversación extraña… sus amigos hablaban de comida, el Señor también, pero de otra clase. Como pasó con la samaritana, ellos tampoco entiendían nada.
»Después de sembrar el trigo, ustedes dicen: “Dentro de cuatro meses recogeremos la cosecha.” Fíjense bien: toda esa gente que viene es como un campo de trigo que ya está listo para la cosecha. Dios premiará a los que trabajan recogiendo toda esta cosecha de gente, pues todos tendrán vida eterna. Así, el que sembró el campo y los que recojan la cosecha se alegrarán juntos. Es cierto lo que dice el refrán: “Uno es el que siembra, y otro el que cosecha.” Yo los envío a cosechar lo que a ustedes no les costó ningún trabajo sembrar. Otros invitaron a toda esta gente a venir, y ustedes se han beneficiado del trabajo de ellos.» Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús, porque la mujer les había dicho: «Él sabe todo lo que he hecho en la vida.» Por eso, cuando la gente del pueblo llegó a donde estaba Jesús, le rogó que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchas otras personas creyeron al oír lo que él decía. La gente le dijo a la mujer: «Ahora creemos, no por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído; y sabemos que en verdad él es el Salvador del mundo.»
San Juan 4: 35- 42 TLA
(Énfasis del autor)
Una charla con Jesús dio literalmente vuelta la vida de una mujer que tenía que ir a buscar agua a una hora donde no había otras personas en el pozo para evitar el desprecio y los prejuicios de sus vecinos.
De repente, la solitaria rechazada se convierte en evangelista. Se olvida del motivo que la llevó al pozo y hasta del balde. Regresa a contarles a todos que había tenido un encuentro con una persona extraordinaria.
¡Y es absolutamente convincente! La gente que antes la ignoraba ahora la sigue. La discriminada se convierte en líder.
¿Y los discípulos? ¿No eran ellos los que ayudaban al Maestro en la tarea de anunciar las buenas noticias? Bueno, ellos habían ido a comprar pan…
Para los amigos de Jesús los samaritanos eran personas no gratas, ni siquiera ingresaban a su ciudad. Sin embargo, en esa oportunidad Él les enseñó que iban a cosechar lo que no les había costado ningún trabajo sembrar. Otros invitaron a toda esta gente a venir, y ustedes se han beneficiado del trabajo de ellos.
¿Quiénes eran esos “otros”? una mujer de vida moralmente cuestionable que pertenecía a un pueblo enemigo.
En este día Cristo te invita a mirar con Sus ojos para poder disfrutar de la cosecha, aun la que no sembraste.
¿Creés que es posible?
Mónica Lemos
