La realidad habla más fuerte

Todavía estaban los dos contando su historia, cuando Jesús se presentó en medio de todos y los saludó: «¡Reciban la paz de Dios!».Todos se asustaron muchísimo, porque creyeron que era un fantasma. Pero Jesús les dijo: «¿Por qué están tan asustados? ¿Por qué les cuesta tanto creer? ¡Miren mis manos y mis pies! ¡Soy yo! ¡Tóquenme! ¡Mírenme! ¡Soy yo! Los fantasmas no tienen carne ni huesos, pero yo sí.»Mientras les decía eso, Jesús les mostraba sus manos y sus pies. Pero ellos, entre asustados y contentos, no podían creer lo que estaban viendo. Entonces Jesús les preguntó: «¿Tienen algo de comer?»Ellos le dieron un pedazo de pescado asado, y Jesús se lo comió mientras todos lo miraban. Después les dijo: «Recuerden lo que les dije cuando estaba con ustedes: “Tenía que cumplirse todo lo que dice la Biblia acerca de mí.”»

S. Lucas 24: 36-42 (TLA)

Jesús había resucitado y había aparecido a varios de sus amigos. Dos de ellos que habían estado con Él en el camino a Emaús estaban contando su historia y de repente llega el Señor y los saluda. Seguramente todos se pusieron muy contentos y celebraron que el Maestro estuviera de nuevo con ellos.

No. Al contrario, se asustaron muchísimo ¿Los discípulos creían en fantasmas? Te dejo la inquietud…

Volvamos a la escena. Cristo les preguntó «¿Por qué están tan asustados? ¿Por qué les cuesta tanto creer? ¡Miren mis manos y mis pies! ¡Soy yo! ¡Tóquenme! ¡Mírenme! ¡Soy yo!

Sus amigos habían pasado tres años compartiendo charlas, caminatas, milagros y enseñanzas, vez tras vez Jesús les anunció que iba a morir y luego resucitar. Lo repitió varias veces, sin embargo, cuando llegó el momento, nadie le creyó.

Su Maestro había muerto y esa realidad hablaba más fuerte. Ellos no podían sacar esas imágenes de sus pensamientos. Todas sus esperanzas habían terminado en un instante.

Cristo ofreció todo tipo de pruebas de que estaba vivo. En ningún momento los retó ni se retiró ofendido del lugar. Sus amigos tenían las emociones tan mezcladas que no podían creer lo que estaban viendo.

Seguramente a todos nos ha pasado alguna vez que la enfermedad, la escasez o los problemas familiares nos mantuvieron en vilo durante un tiempo. De repente aparece Jesús y el horizonte se despeja, el diagnóstico cambia, la provisión llega y la armonía regresa a las relaciones. Y por un momento, nos sentimos confundidos, entre contentos y asustados y quizás hasta nos preguntemos si es verdad o si lo estamos imaginando, o peor aún ¿Cuánto durará? 

En medio de la situación más difícil Cristo quiere habilitar un tiempo nuevo, de crecimiento y bendición, porque lo imposible es su especialidad. Lo sabés, pero quizás, a veces te cueste creerlo.

Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios.

2° Corintios 1:20 (NVI)

Hay muchas promesas que aún no se han cumplido y que tal vez ya diste por perdidas porque la espera dura demasiado tiempo. Menos mal que El Señor insiste y se empeña en revelarnos Su persona. Hoy, si acallás tus diálogos internos seguramente podrás escuchar su voz diciendo ¿Recordás lo que te dije una y otra vez?

El Señor protege a los que en él confían; todas sus promesas son dignas de confianza.

Proverbios 30:5 (DHH)