«Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas».
Mateo 7:12
La regla de oro expresada en el versículo de hoy es conocida como una de las máximas morales y éticas más célebres a nivel universal. Estas palabras de Jesús nos bajan abruptamente de esas nubes abstractas a las que podemos subirnos fácilmente, cuando creemos que la experiencia cristiana sólo tiene que ver con doctrinas, prácticas litúrgicas o vivencias sensoriales. Tal como venimos reflexionando en estos días, una de las principales muestras de nuestra espiritualidad se refleja en nuestro trato con los demás. De hecho, en el texto de hoy el Señor ratifica que, en líneas generales, de eso se trata el resto de las Escrituras.
A la hora de ser parte de una conversación, nuestra actitud puede ser crucial para la fertilidad de la tierra donde luego sembraremos la semilla del Evangelio. En un sentido literal, la acción de escuchar se cumple cuando estamos callados y permitimos que el sonido de la voz del otro ingrese por nuestros oídos; pero si nuestro verdadero objetivo es traer el Reino de Dios a ese lugar y en ese momento, tendremos que ser mucho más intencionales.
Como nos gustaría a nosotros
Un buen comienzo sería remitirnos a la regla milenaria planteada por el Maestro, y para ello podríamos preguntarnos lo siguiente: si en una mesa de dos personas yo tuviera que contar algo de mi historia y mi realidad, ¿qué quisiera ver en quien tengo enfrente? ¿qué me haría bien percibir? No podemos leer la mente, pero sí hay muchos signos visibles que nos dan una pauta de cómo estamos siendo considerados por el otro.
Si lo hemos vivido, lo sabemos. No es para nada agradable la sensación de abrir el corazón con alguien que, por la razón que sea, parece no prestar la debida atención. Si queremos ganarnos el derecho a ser escuchados por las personas por las que estamos orando, al primer paso tenemos que darlo nosotros.
Mostrar empatía
Pequeñas y oportunas intervenciones hacen una gran diferencia. Breves respuestas a sus comentarios, preguntas acerca de lo que nos relatan y resúmenes con nuestras propias palabras de lo oímos, suelen ser muy buenos indicadores de que estamos plenamente involucrados en la conversación. Y para esto necesitamos un elemento clave: la empatía.
A la mayoría de nosotros quizás nos fluye con mayor facilidad la compasión («lamento lo que te pasa») que la empatía («entiendo cómo te sentís»). Requiere mucho esfuerzo emocional comprender cómo se siente el otro, ver el mundo a través de sus ojos y tener la humildad de validar sus sentimientos. La empatía dice: «Te entiendo perfectamente; si yo estuviera en tu lugar, probablemente me sentiría igual».
Se cree que la comunicación en su mayor medida es no verbal (según los expertos entre el 70% y el 93%). Mirar a los ojos, sonreír levemente, inclinar el cuerpo un poco hacia adelante, asentir con la cabeza más allá de que no estemos totalmente de acuerdo con lo que escuchamos, ayudará mucho más de lo que imaginamos.
Las personas antes que sus ideas
Recordemos que no siempre lo que vamos a oír es correcto, sensato o aceptable. Pero el otro merece nuestra paciencia y nuestro respeto. ¡Jesús era muy bueno para esto! A principios de esta semana vimos que la mujer samaritana era una marginada, pero aun así, aunque ningún líder religioso jamás se hubiera sentado a escucharla, el Salvador entabló con ella una conversación que sorprendió a propios y extraños.
Escuchemos sin dejar que nuestros puntos de vista afecten cómo vamos a responder a las opiniones de la gente. No se trata solo de los conceptos que se dicen; veamos mayormente a la persona que está frente a nosotros. Nunca digamos que la idea que tiene es estúpida, que su plan es ridículo o que sus sentimientos no son válidos. Dispongámonos a revestirnos de ese cariño especial que expresaba Jesús, y con un baño espiritual de empatía hagamos de la regla de oro una manera de manejarnos en la vida.
Acción:
Con la ayuda del Señor, hoy vamos a ponernos en el lugar de las otras personas, para intentar imaginarnos cómo veríamos, pensaríamos o sentiríamos si estuviéramos en sus zapatos.
Oración:
Oramos para que la regla de oro establecida por Jesús sea una marca característica en nuestra vida, con todo lo que eso implica. Le pedimos al Padre que nos ayude a tener empatía empezando por nuestra casa, nuestro trabajo y llegando a los cinco amigos que hemos elegido.
Argentina Oramos por Vos
40 días de ayuno, oración y acción 2025
