La respuesta apacible

La respuesta apacible desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los ánimos.

Proverbios 15: 1 NTV

 

Todos tenemos momentos críticos en nuestra familia, el trabajo y nuestros lugares comunes, en situaciones cuando …”se nos salta la térmica”. A veces por la diferencia de edad, generacional u otros temas, es complicado llegar a un acuerdo o no, sin tener charlas y momentos límites.

Hoy quiero compartirte algo que me conmovió hace pocos días. Una profesional de la salud amiga mía, me habló de lo complejo que es tratar con familias en las que, por alguna razón, la convivencia se torna difícil. Entonces me dio tres tips para poner en práctica al enfrentar y poder resolver un conflicto:

 

  • Nunca por obligación. Siempre con amor. Encontrar un punto de coincidencia para desanudar el desacuerdo.
  • Siempre, aunque sea muy complicado, tratar al otro con respeto, por encima de su destrato.
  • No contradecir en momentos de mayor desacuerdo, o sea, no ir deliberadamente al choque. Eso nunca funciona.

 

Obviamente esto no es nada sencillo, pero puede resultar un comienzo si te proponés pedir la ayuda del Espíritu Santo, para ver al otro independientemente del conflicto.

Reconocer cuál es tu responsabilidad en el “no acuerdo” es tan importante como estar dispuesta/o a también reconocer que podés estar en un error.

 

¡No seas hipócrita! Primero saca la viga de tu ojo y verás mejor para poder sacar la pajita de tu hermano.

Mateo 7:5 PDT

 

¡Cuánto daño podemos hacerle a una persona definiéndola y al tratarla según nuestra mirada o diagnóstico! Es como ver a una persona enferma solo a través de su enfermedad, sin verla a través de sus posibilidades.

Quizás tengas alguna relación conflictiva… ¿Probaste con “la respuesta apacible? ¿Cuánto tiempo lleva el conflicto? ¿Cuántas veces le pediste a Dios que intervenga en tu enojo? ¿Qué es lo que realmente te enoja o incomoda para no llegar al acuerdo?

Al seguir aquella conversación con mi amiga, me mostró con su propia experiencia que de la manera en que vemos y definimos al otro es en realidad lo que nos define a nosotros. La violencia nunca gana, porque nos carcome y consume. La bronca y el mal humor solo nos llevan al límite. No se es más fuerte por tener siempre la razón, eso puede ser el peor engaño.

En aquella charla lo último que escuché fue: El amor es la clave. El esperar es la clave. El entender es la clave. Estoy segura de que muchas veces vos y yo vamos a necesitar practicar “la respuesta apacible”

 

Ruth O. Herrera