La verdad que no veo

Luego le avisaron: «Eliseo está en Dotán». Así que una noche, el rey de Aram envió un gran ejército con muchos caballos y carros de guerra para rodear la ciudad. Al día siguiente, cuando el sirviente del hombre de Dios se levantó temprano y salió, había tropas, caballos y carros de guerra por todos lados. —¡Oh señor! ¿Qué vamos a hacer ahora? —gritó el joven a Eliseo. —¡No tengas miedo! —le dijo Eliseo—. ¡Hay más de nuestro lado que del lado de ellos! Entonces Eliseo oró: «Oh Señor, ¡abre los ojos de este joven para que vea!». Así que el Señor abrió los ojos del joven, y cuando levantó la vista vio que la montaña alrededor de Eliseo estaba llena de caballos y carros de fuego.

2° Reyes 6: 13b – 17 NTV
(Énfasis del autor)

Este pasaje de 2° Reyes nos cuenta algo maravilloso de una batalla que no se veía con los ojos naturales, pero que era real. Eliseo, el profeta de Dios, estaba tranquilo frente a una amenaza tremenda, porque sabía que Dios estaba obrando aun sin verlo.

La ciudad estaba rodeada por soldados enemigos. Estaban buscando a Eliseo para capturarlo. El siervo del profeta, al ver tantos soldados, se asustó mucho. Y su pregunta refleja lo que cualquiera de nosotros podría haber sentido: ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo salimos de esto?

Eliseo solo oró por su siervo. No pidió que desaparecieran los enemigos, tampoco que el siervo deje de tener miedo por la realidad que veía. Pidió que sus ojos fueran abiertos.

¡Qué imagen poderosa! Todo el monte estaba lleno de carros de fuego. No era una ilusión. ¡Era real! Solo que el siervo no lo había visto antes.

¡Qué importante es tener una visión espiritual! Cuando oramos, y Dios abre nuestros ojos, empezamos a ver más allá de los problemas. Vemos que Dios está obrando. Vemos su poder. Sentimos su paz.

Este pobre clamó, y el Señor lo oyó y lo libró de todas sus angustias. Para defender a los que temen al Señor, su ángel acampa alrededor de ellos.

Salmo 34: 6-7 RVC

Hay una realidad espiritual alrededor nuestro en la que Dios cuida a su pueblo. Dios defiende a sus hijos. Aunque no lo veamos, los ángeles del Señor están acampando alrededor de los que le temen. Cuando oramos, cuando adoramos, cuando confiamos, algo se activa en el cielo. Hay protección, hay respaldo, hay propósito.

Hay muchas cosas que no vemos y desconocemos las múltiples maneras de cómo Dios actúa, cómo responde oraciones, cómo mueve corazones, cómo prepara caminos. Pero la fe nos permite ver lo invisible.

Dios no está lejos. Está más cerca de lo que imaginás. Y está obrando, aunque tus ojos aún no lo hayan visto. Dios no siempre cambia las circunstancias enseguida, pero sí cambia nuestra forma de verlas.

Hoy hacé tuya la oración de Eliseo: “Señor, abrí mis ojos… para que pueda ver lo que estás haciendo”.

 

Pastores Hugo y Ruth Herrera