La verdad que pone a prueba la fe

«Mira, envío a mi mensajero delante de ti, y él preparará tu camino. Es una voz que clama en el desierto: “¡Preparen el camino para la venida del Señor! ¡Ábranle camino!”».

Marcos 1: 2b-3 NTV

Juan procedía de familia sacerdotal, pero mostró su rechazo al sacerdocio institucional y tradicional del Templo demostrando la situación de división institucional que ya había dado lugar a rupturas con el judaísmo oficial. Esto sucedió claramente con el movimiento esenio, una secta judía que surgió en el siglo II a. C. enfocada en la pureza ritual y el estudio de las

Escrituras judías. Fundadores de la comunidad de Qumrán eran enemigos de los fariseos y de los saduceos.

Zacarías e Isabel formaban parte de las familias de sacerdotes tradicionales de las que su hijo se distanció.

Juan Bautista era un personaje conocido y hasta admirado por sus contemporáneos como ha quedado reflejado en los escritos evangélicos y en las crónicas del historiador Flavio Josefo. Su testimonio representaba al defensor de la justicia social, de la igualdad y de la libertad social.

La vida austera y solitaria de Juan Bautista lo convirtió en el hombre clave para la llegada de Jesús al ministerio.

Su humildad y fervor por la santidad provocó su fama y así abrió la oportunidad para que Jesús fuera reconocido públicamente por el Padre.

Sin celos ni orgullo fue el primero en reconocer a Jesús como Mesías y provocar a la multitud a seguirlo. Esto me muestra a un hombre absolutamente entregado a su misión… ¡admirable!

Es que Herodes había hecho arrestar y encarcelar a Juan. Lo hizo por causa de Herodías, esposa de su hermano Filipo, pues Juan había dicho a Herodes: «No debes tenerla como tu mujer.»

Mateo 14:3-4 DHH

Un hombre lleno de sabiduría, integridad y valentía, ese era Juan el Bautista. Lleno del Espíritu desde que fue concebido, aún antes de nacer reconoció al Mesías en el vientre de María. Él cumplía al pie de la letra con lo que Dios le había encomendado, al punto de ser encarcelado por denunciar la relación deshonesta de Herodes con su cuñada.

Juan fue un hombre determinado a hacer lo que era correcto para establ­ecer el Reino de los Cielos y ser parte del año agradable del Señor. Un hombre de carácter fuerte y seguro, dispuesto a poner su vida en riesgo por lo que creía.

Su fe en Dios lo mantuvo firme en su actitud de justicia y verdad. Ese era su llamado y compromiso: declarar las obras que se oponían a la voluntad del Padre. Y lo hizo durante toda su vida.

Decir la verdad y exponer el pecado siempre prueba la fe. Ser íntegros y manifestar la luz de Cristo puede ser contrario a las reglas del juego en nuestra sociedad.

Ser visiblemente ciudadanos de Reino en nuestra sociedad puede aislarnos del resto.

No conciliar ni negociar con las obras del enemigo expone nuestra confianza en Dios. Es difícil porque, como le pasó a Juan… habrá quienes quieran ¡cortarnos la cabeza!

Creer en Jesús como el Señor, y tener fe en su Palabra es mucho más que una creencia pasiva. La fe se expresa en hechos concretos y un estilo de vida en la plenitud del Espíritu…

Este es nuestro desafío y compromiso constante.

Es verdad que no es siempre fácil hacer lo que Jesús enseñó. Ser radicales y vivir la libertad que nos da nos hace verdaderamente sus discípulos.

Luego Jesús les dijo a sus discípulos: Si ustedes quieren ser mis discípulos, tienen que olvidarse de hacer su propia voluntad. Tienen que estar dispuestos a cargar su cruz y a hacer lo que yo les diga. Si solo les preocupa salvar su vida, la van a perder.

Mateo 16: 24-27 TLA

(Énfasis del autor)

Juan el Bautista perdió la cabeza, pero no sus convicciones…

¿Serás de los que enderecen lo torcido?

¿Estarás hoy entre los que Jesús llama “sus discípulos” aunque te arriesgues?

 

Ruth O. Herrera