La verdadera lealtad

Que el fiel amor y la lealtad nunca te abandonen. Átalos a tu cuello, escríbelos en tu corazón, así recibirás la aprobación y el aprecio de Dios y de la gente.

Proverbio 3:3-4 PDT 

Hoy te propongo hacernos algunas preguntas para seguir pensando en nuestra transparencia, lealtad y sinceridad. Entendiendo por transparencia el no ocultar verdades y tampoco decir verdades a medias. Vivir fieles y leales a Dios. 

¿Soy transparente en mis palabras y acciones? ¿Me esfuerzo por ser claro y directo en mis comunicaciones, o tiendo a ocultar la verdad o a ser ambiguo? 

¿Soy fiel a mis valores y principios, y actúo de acuerdo con ellos, incluso cuando sea difícil o impopular? ¿Me siento cómodo compartiendo mis pensamientos y sentimientos, o tiendo a mantener una fachada de perfección y control? 

No es muy probable que nos detengamos a pensar o a respondernos a nosotros mismos. En mi opinión, suele ser más frecuente opinar sobre los otros. 

Jesús fue leal a su misión y a sus amigos hasta las últimas consecuencias. Él, sobre todo, era fiel a su Padre y reflejaba Su voluntad en todo lo que hacía. La lealtad es la cualidad de ser fieles y constantes en nuestras palabras y acciones, incluso cuando no sea fácil o popular. Esta virtud nos une con Dios y con los hombres. 

Hace un tiempo alguien me contó una experiencia personal que muestra la importancia de este tema. Era joven cuando un amigo cercano le pidió que mintiera por él diciéndole que, si no lo hacía, podría perder su trabajo y afectar su currículum.

“Obviamente —expresó con tristeza— me sentí presionado y tentado a mentir, pero sabía que eso sería deshonesto e iría en contra del corazón de Dios. Después de pensarlo, decidí ser leal al Señor y también a mi amigo, y le dije que no podía mentir por él, que aquella mentira terminaría perjudicándolo. Como era de esperar se enojó, aunque él sabía que yo había tomado la decisión correcta. Por un tiempo bastante largo perdí su amistad… y hasta llegué casi a arrepentirme”.

Al terminar la charla, finalmente me dijo: “Hoy con paz puedo decir que mi mayor lealtad fue a mi Señor, y que, si no le hubiera sido leal, el mayor perjudicado realmente hubiera sido yo. Además, mi amigo por ser honesto conservó su trabajo” 

En la vida cotidiana la lealtad se pone a prueba de maneras sencillas. En nuestras relaciones familiares y laborales, a menudo tomamos decisiones que no siempre pesamos o identificamos desde esta perspectiva. No deberíamos tener diferentes interpretaciones… Nos equivocamos cuando entendemos que ser leal a los hijos o a nuestros compañeros de trabajo es sinónimo de no corregirlos, o de ocultar algo que no está bien.

Por eso es importante que nos unamos con hombres y mujeres que nos inspiren a ser fieles a Dios en nuestras convicciones, palabras y acciones. 

La lealtad genuina nos une con Dios porque nos permite ser fieles a Sus principios y mandamientos. De esta manera demostramos que confiamos en Él y que estamos dispuestos a seguir Sus caminos, incluso cuando sea difícil. Cuando experimentamos la libertad de ser realmente honestos, confiables con los demás y leales a ellos, podemos ser personas íntegras. Cuando la integridad y la verdadera lealtad van de la mano somos transparentes y otros pueden ver a través nuestro la imagen de Cristo.

 

Ruth O. Herrera