Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
Juan 15:1 RVC
«Yo soy la vid verdadera». Esta metáfora de la vid no es casual, también tiene raíces profundas en la cultura hebrea. En el Antiguo Testamento, la vid era un símbolo de prosperidad, bendición y conexión con Dios.
En esta declaración enseña acerca de la poda, la unión absoluta de sus discípulos con Él y su unión inquebrantable con el Padre.
Para los hebreos, la vid simbolizaba no solo vida, sino también el trabajo de quien cuidaba el viñedo como algo fundamental.
Podar la vid es símbolo de limpieza, crecimiento y fruto. Es necesario extirpar el pámpano muerto para que la sabia fluya en la dirección correcta.
La poda es esencial para eliminar lo que impide la productividad, y es parte del amor del labrador hacia su viña.
Dios es quien nos cuida a través de la unión con Cristo. Pero necesitamos eliminar lo que estorbe nuestro propósito, que es dar frutos. Necesitamos que Él extirpe aquello que nos impide crecer y no nos deja ser moldeados a la imagen de su Hijo.
Y aunque generalmente asociamos la poda al dolor, está absolutamente ligada a la unión: es en nuestra intimidad, amistad y búsqueda del Maestro que somos enseñados y limpiados. Cada encuentro con nuestro Amado es un tiempo de poda, o sea, de producir fruto.
Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí.
Juan 15: 4 DHH (Énfasis del autor)
La unión es fortaleza, crecimiento y bienestar. Es vida y abundancia, y cuanto más la desarrollamos, menos necesitamos de otros recursos de plenitud.
Unidos a la vid disfrutamos más de la familia, los afectos, el servicio, el trabajo y el estudio.
Unidos a la vid somos quien realmente debemos ser. Alcanzamos propósito y herramientas para cumplir el plan de Dios.
En la cultura hebrea, la vid estaba asociada con la promesa de la tierra fértil y la prosperidad que venía con una relación fructífera con Dios. Podemos estar unidos a otras ramas, a otras especies, buscar en otras fuentes… Pero solo unidos a la vid verdadera alcanzamos vida abundante. De modo que, si hoy entendés o descubrís que estás unido/a a otras vides, es importante que vuelvas a la Vid Verdadera.
Así como los sarmientos deben permanecer conectados a la vid para obtener vida y nosotros debemos mantener una comunión constante con Jesús para alimentar a otras ramas, somos así también responsables de los frutos que ya dimos o los que debemos dar. Esa es la esencia necesaria para nuestro crecimiento y fructificación.
Hoy busquemos renovar nuestra unión con Jesús, renovar nuestra comunión con nuestros hermanos y estar dispuestos a ser limpiados, renovados y hermoseados por el Espíritu Santo.
Ruth O. Herrera
