Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.
1° Tesalonicenses 5:18 (NTV)
Los hijos de Dios deseamos sinceramente hacer la voluntad de Papá. No tengo dudas de eso. Tenemos defectos, limitaciones, hay áreas que nos cuesta entregar para que Él las gobierne, pero nuestro deseo por hacer lo que nos pide es genuino y Papi lo sabe, lo acepta y lo recibe tal como lo podamos expresarnos.
Ahora, también es cierto que en muchos casos hay situaciones que nos apartan del deseo por las cosas del cielo… el apóstol Pablo nos recuerda que tenemos que poner la mira, esto es enfocarnos, como cuando miramos por un telescopio para poder distinguir alguna estrella que no se ve a simple vista, en las cosas de arriba.
¿Por qué lo dice? Porque es muy fácil perder de vista lo que no se ve, en medio de tantas cosas visibles que reclaman nuestra atención.
Esta semana una canción me acompaña todas las mañanas Jesús mi rey de New Wine. La escuché por primera vez en uno de los encuentros mensuales de 24/7 en los que nuestra iglesia se une con cientos de iglesias alrededor del mundo.
Hace unos días la escucho una y otra vez. En una parte del coro dice: “Venga tu reino y voluntad aquí como en el cielo, contemplaré tu reino como un niño ante ti, la voluntad del Padre es perfecta para mí”
¡Lo necesitamos tanto! Si miramos un poco a nuestro alrededor surge este clamor de nuestro corazón. El problema es que para que Su reino y voluntad vengan primero tiene que suceder en cada uno de nosotros.
Su voluntad es perfecta, buena y agradable. ¿Cuál es el problema entonces? Que a veces mis deseos son contradictorios, compiten entre sí y mi interior se parece un poco a un campo de batalla. Sé conscientemente que su voluntad es lo mejor pero… tal vez vos puedas poner tus propios peros.
La voluntad de Dios es que demos gracias en todo y desde hace un tiempo no me resulta fácil. A lo mejor te sucede lo mismo y podés identificarte.
Hoy recordé algo que leí hace mucho tiempo, una pequeña historia sobre Mateo Henry, no sé si es el que escribió el Comentario bíblico, relata que una vez lo asaltaron unos ladrones y escribió en su diario: “Señor, ayúdame a estar agradecido; primero, porque nunca antes he sido robado; segundo, porque aunque se llevaron la cartera, no me quitaron la vida; tercero, porque aunque se llevaron todo lo que tenía yo, no era mucho; y cuarto, porque fui yo quien fue robado y no quien robó.”
Esta oración podría ser la tuya o la mía en una sociedad que sufre violencia y creo que es una oración de genuina gratitud y no de resignación. Dios no pretende que demos gracias fingiendo que todo está bien ni negando la realidad que nos duele, sino que aprendamos a dar gracias en toda situación porque esa es Su voluntad para nosotros.
El dar gracias sincera y genuinamente nos ayuda a ver la realidad desde otra perspectiva…
Mónica Lemos
