Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.
Mateo 9: 35-36 NTV
(Énfasis del autor)
Esta Palabra nos enfoca a una verdad que enfrenta, condiciona y cuestiona nuestra propia vida. Lo que leemos es agudo y a la vez simple. Jesús estuvo con los pobres y los enfermos, con los necesitados no solo de espíritu, sino con los que no comían, los sin techo y olvidados. Andaba entre la gente, y de los miles que le seguían la mayoría era gente sencilla, sin grandes riquezas. Había pobres, enfermos, vagabundos, que dependían de la buena voluntad del pueblo para subsistir.
Nunca tuvo una actitud o una palabra de desvalorización o degradación, por el contrario, se mostraba cercano y accesible a cada persona que lo buscaba. Escuchó, sanó, alimentó, comprendió, guió a las personas y las acercó para conocer el amor de Dios. Atendió sus necesidades físicas, espirituales y emocionales. Y a la vez con cada uno de sus actos les enseñó a sus discípulos tener verdadera misericordia.
El ejemplo de Jesús se replicó muchas veces en hombres y mujeres de la historia que también dejaron huellas y legado.
“La medida de una sociedad se encuentra en la forma en que se trata a los que están en situación más desfavorecida”.
“La justicia es amor en acción”.
“EL amor es la fuerza poderosa que puede cambiar al mundo”.
Martin Luther King
Martín Luther King, como discípulo y seguidor de Jesús, encarnó los valores del amor, la compasión y la justicia en su lucha por los derechos civiles. Al ayudar a las personas, King reflejó la enseñanza de Jesús de «amar al prójimo como a ti mismo».
Vio la imagen de Dios en cada persona, especialmente en los marginados y oprimidos, y trabajó incansablemente para promover la dignidad y la igualdad para todos. Su compromiso con la no violencia y el amor fue una manifestación del mandato de Jesús de «amar a tus enemigos».
Tuvo compación y lloró por su pueblo como lo hizo nuestro Señor. La vida y el legado de Martín Luther King nos recuerdan que, como seguidores de Jesús, estamos llamados a ser instrumentos de justicia, amor y compasión en el mundo. Trabajar para que otros conozcan la misericordia en acción.
Hoy, las necesidades materiales y espirituales siguen siendo reales y visibles. Al salir a la calle, y con solo caminar algunas cuadras, cada día nos encontramos con hombres, mujeres y niños cartoneros, mendigos, vendedores ambulantes, etc. Es real que no podemos saciar a todos, ni siquiera como iglesia podemos cambiar la realidad de toda la sociedad, pero sí se necesita un cambio real e inmediato. Todos podemos dejar huellas y un legado de misericordia. Si cada uno de nosotros, frente a un necesitado, nos detenemos a mostrar la misma actitud de Cristo, con una ayuda, por mínima que sea, podemos establecer el Reino y saciar a nuestro prójimo con un acto de amor.
Nuestros actos compasivos de hoy pueden tener resultados extraordinarios con el paso del tiempo, que quizás nunca conozcamos. Nada de lo que hagas por otros deja de tener frutos… Vos decidís.
Ruth O. Herrera
