«En cambio, adoren a Cristo como el Señor de su vida. Si alguien les pregunta acerca de la esperanza que tienen como creyentes, estén siempre preparados para dar una explicación.
1° Pedro 3:15
Desde muy chicos nos hemos dado cuenta de que había preguntas que nos harían con frecuencia, y eso nos llevó, al cabo de un tiempo, a tener esas respuestas medianamente elaboradas para satisfacer la inquietud de otros, para no pasar un momento incómodo y también para que los demás pudieran entender lo mejor posible nuestra respuesta.
«¿De qué trabajan tus padres?», «¿Qué estás estudiando?», «¿De qué se trata ese nuevo trabajo que conseguiste?», «¿Tenés familia?», «¿Estás casado?, «¿Tenés hijos?». Cuando la respuesta lleva una pequeña explicación, usualmente buscamos con anterioridad la mejor manera de hacerlo comprensible en pocas palabras.
Sin buscarlo
Lo que Pedro nos pide en nuestro versículo de hoy, no se aleja demasiado de esa dinámica, aunque por supuesto, tiene que ver con realidades espirituales mucho más profundas. Nos venimos incentivando mutuamente a encontrar los mejores momentos para compartir el Evangelio con otros, pero, como ya nos habrá pasado más de una vez, suele ocurrir que la oportunidad se nos presenta sola.
En ocasiones no necesitamos buscar la manera de introducir el tema porque directamente lo plantea la otra persona. No hace falta captar su interés porque ya lo tiene y lo está llevando a querer satisfacer, al menos, su curiosidad. No tenemos que buscar mecanismos que al otro lo dejen con interrogantes porque ya los tiene y ha decidido manifestarlos en forma de pregunta.
Respuestas preparadas
«¿Por qué sos cristiano?», «¿Qué hacen cuando van a la iglesia?», «¿Cuál es la diferencia entre evangélicos y católicos?», ¿Ustedes pueden hacer tal o cual cosa?». Todos nosotros hemos escuchado preguntas de este estilo, y quizás haya que reconocer que no siempre hemos dimensionado la puerta que podía abrir-se, lo que probablemente haya hecho que desaprovechemos esos momentos decisivos. Por algo Pedro dice: «Estén siempre prepara-dos para dar una explicación».
Algunas preguntas pueden resultar más apropiadas que otras a la hora de compartir nuestra fe, pero la clave está en usar esas respuestas como caminos que nos lleven rápidamente hacia donde queremos direccionar la charla. Podemos satisfacer rápidamente la duda planteada en forma general, y en el mismo acto, y como parte de la misma respuesta, instalar lo que significa Dios para nosotros y la relación que tenemos con Él. Si lo hacemos con gracia y naturalidad, la conversación seguramente continuará a partir de ese momento en el plano hacia donde la queríamos conducir.
No perdamos la naturalidad
Cuando Pedro habla de estar preparados no se refiere a tener listo un sermón o discurso para dar, simplemente nos anima a no perder esas oportunidades únicas que se nos pueden presentar. Los sermones se predican desde un púlpito o escenario y tienen sus propias características, una clase tiene una estructura para que se asimilen los conceptos que tocan dar ese día de acuerdo a un plan. Ahora, cuando dos personas charlan amistosamente tiene que mantenerse la naturalidad que caracteriza a una conversación.
Curiosamente muchos cristianos tienen serias dificultades en usar palabras cotidianas y sencillas de entender para hablar de Dios y sus cosas. Puede ser por la influencia de la terminología utilizada en canciones, oraciones y mensajes dentro de la congregación que se nos impregnan con mucha facilidad. Pero siguiendo el consejo que en este día nos da la Palabra de Dios, debemos pensar, preparar y ensayar la mejor manera de explicar de la forma más natural posible y en el idioma diario de la persona que nos escucha, las maravillas que Dios ha hecho en nosotros y puede hacer en nuestros amigos.
Conociendo perfectamente todos los intereses espirituales que ambos reinos se juegan en una situación como la que describimos, hoy enfatizamos la necesidad de manejarnos con sabiduría. Seamos auténticos y genuinos. No cambiemos el tono de voz ni adoptemos posturas físicas extrañas para hablar de cosas espirituales. Que las personas de nuestra lista perciban que lo que decimos es real para nosotros y que Dios es el centro de todo lo que somos y hacemos.
Acción:
Hoy vamos a pensar en el tipo de preguntas que más nos han hecho y preparar respuestas simples y concretas que lleven la con-versación hacia lo que vivimos diariamente con Dios. Estaremos atentos y dispuestos a usarlas todas las veces que podamos. A medida que lo hagamos podemos medir su efecto y mejorarlas.
Oración:
Pedimos por oportunidades concretas para dar explicaciones de nuestra fe.
Oramos por sed en nuestros cinco amigos y conocidos que los lleve a plantearse interrogantes que luego puedan compartir con nosotros.
Argentina Oramos por vos
