Llamá a lo que no es como si fuera

…Diga el débil: Fuerte soy.

Joel 3:10b (RVR60)

 

Durante esta semana hablamos del cansancio, tan común en nuestros días. Sobre todo si a los problemas que atravesamos le sumamos una ola de calor extremo y  una sequía inesperada que, además de perjudicar los cultivos, demora el alivio que produce la llegada de la lluvia.

Cansancio, crisis, calor, sequía, dificultades económicas o de salud… evidentemente es tiempo de trabajar nuestra confianza, nuestra fe para que la sabiduría del Señor nos asista y su provisión llegue a nosotros.

 

Cuando pensamos en provisión podemos incluir una amplia gama: los recursos económicos, tan necesarios en medio de la crisis que atraviesa nuestro país; los recursos emocionales para ejercitar la paciencia; y las reservas espirituales que se almacenan a través de un proceso deliberado y sostenido de aprender a conocer mejor a nuestro Papá para poder obedecerlo de corazón y por amor.

Porque ¿cómo podemos confiar en alguien a quién no conocemos? ¿Cómo podemos derribar las ideas equivocadas que tenemos acerca de Él? Reemplazándolas por las correctas. A través de la lectura y estudio de su Palabra y las disciplinas espirituales de la oración y la adoración.

Podemos usar las palabras del rey David, para instruir a nuestro espíritu y declarar a pesar de todo ¡Pero yo sé que viviré para disfrutar de tu bondad junto con todo tu pueblo!

 

Cuando lo hago tengo la capacidad para cambiar mi monólogo interno

Por eso me armo de valor, y me digo a mí mismo: «Pon tu confianza en Dios.
¡Sí, pon tu confianza en él!»

 

También necesitamos experimentar alivio en medio del cansancio, A veces las iniciativas humanas no alcanzan para recuperar las fuerzas perdidas. En los momentos en que estamos desorientados y nos sentimos incapaces de afrontar las demandas de cada día, es bueno hacer como el pueblo de Israel, recordar que el mismo Dios que mostró su poder tantas veces en nuestra vida, lo seguirá haciendo. Él continúa dándonos fuerzas en medio de nuestra fragilidad.

 

Al respecto, el libro a los Hebreos nos lleva de la mano simbólicamente por los pasillos de la galería de los héroes de la fe. Allí, junto a Moisés, Sara, Abraham, Noé y otros, encontramos también a aquellos cuya fe les permitió hacerse fuertes en la debilidad, recibir fuerzas cuando estaban más débiles.

 

Volvimos al libro de los salmos y encontramos una joya escondida, un compositor y poeta casi desconocido: Etán. Su canto registrado en salmos 89 nos recuerda las características del Dios en el que decidimos confiar. A pesar de que en su canto se mencionan enemigos y distintos problemas, él podía fluir constantemente y proclamar la grandeza y majestad del Rey del universo, su fidelidad, su amor eterno e invariable y utilizar la figura del brazo y la mano de Dios para afirmar su poder ilimitado dispuesto a obrar a favor de los suyos.

 

Para finalizar, una pequeña frase del profeta Joel nos invita a declarar exactamente lo contrario a lo que es nuestra realidad. Su propuesta no significa repetir algo muchas veces tipo fórmula mágica, sino alinearnos a la manera de pensar de Dios que llama a lo que no es como si fuera.

 

¿Te animás a dar un pequeño paso cada día en dirección hacia estas verdades que Papá te trae a través de las páginas de la Biblia? ¿De qué manera podés incluirlas en tu realidad cotidiana?

 

Mónica Lemos