Llamados a un Nuevo Pacto

Pues él nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica. Si el ministerio que llevaba a la muerte, y cuya letra estaba grabada en piedra, fue tan glorioso que los hijos de Israel no podían ni mirar el rostro de Moisés debido al resplandor que su rostro reflejaba, aunque era un resplandor efímero, ¿no será más glorioso aún el ministerio del Espíritu?

2° Corintios 3:6-8 (RVC)

Pablo escribe que nosotros no somos eficaces o competentes por nosotros mismos, sino que nuestra eficacia proviene de Dios, esto es una buena noticia. Dios nos hizo ministros competentes de un Nuevo Pacto, no de la letra, es decir de la Ley, no es un pacto religioso en el que uno tiene que seguir una serie de pautas, sino es un pacto que tiene que ver con el Espíritu. Pablo expresa que la letra mata, pero el Espíritu nos vivifica.

Pablo les dice a aquellos que necesitaban salir de la religiosidad y conocer al Espíritu de Dios, quienes pensaban que la “la letra” o sea “la ley” había tenido gloria, que a partir de Cristo mucho más glorioso sería lo que permanece. Cuando ustedes se conviertan, escribe Pablo, el velo se les quitará. 

Ahora, no es que no eran creyentes, ellos creían en Cristo, pero tenían un velo, algo que les impedía ver lo que Dios podía hacer. Pablo dice: “Nosotros estamos llamados a un Nuevo Pacto, es inquebrantable, y es el Pacto que Jesús hizo con nosotros”. Él Hijo de Dios murió por nosotros, lo hizo en nuestro lugar, pagó por nuestras faltas, por nuestro alejamiento de Dios, por eso podemos sentirnos confiados. 

En tu vida hay muchas cosas que arreglar y otras que sanar interiormente, pero podés sentirte confiado de que lo que un día Jesús empezó en tu vida lo quiere terminar, lo quiere concluir, Jesús lo está perfeccionando.

Dios está presente, es un Padre presente, y es bueno que no seas un hijo ausente, que no solo cree, sino que se alimenta por la presencia de Dios y con una fe que puede mover la montaña más grande. Es la fe que va a surgir a partir de su Presencia, del ejercicio que tengas en su intimidad.

Por eso Pablo dice: “cuando se conviertan”; hay muchas cosas en las que tenemos que pensar, y de las cuales convertirnos, es decir, como algo dinámico y de cada día, descubrir cuándo tenemos que caminar exactamente en la dirección contraria en la que estamos yendo. 

No es bueno cuando uno se equivoca, pero es terrible equivocarse en lo mismo la segunda, tercera, cuarta y quinta vez. Si clavás un clavo y le das, y le das y le das y ves que no entra en la pared, por favor cambiá de pared, si no vas a destruir tu casa.

         Tomado del sermón del 15 de marzo, 2015

Pablo no era un ministro de la letra, o sea de los “Mandamientos”, sino del Espíritu. Él entendía, por su raíz judía, el significado que para los hebreos tenía la ley, y que culturalmente era lo que marcaba el rumbo y la vida diaria, hasta para los detalles más cotidianos. Él insiste en desatar una nueva visión en ellos para que el sacrificio de Cristo cambie el rumbo de sus pensamientos y dejen atrás la conciencia de condena que los caracterizaba.

«Si el ministerio de condenación era con gloria, ¡cuánto más abunda en gloria el ministerio de justificación!» 2° Corintios 3:9

El Espíritu nos lleva a obedecer a Dios, pero en una relación fundamentalmente diferente, no por represión, como una ley seca, sino basada en Su amor. La verdadera relación de Padre-hijo, en un vínculo en el que Papá da todo por nosotros y sus hijos le obedecemos por gratitud y amor. Es cuando nos sometemos al SEÑORÍO DE CRISTO, es lo mejor que podemos vivir. Es andar en la paradoja de que “no hay justo ni aun uno” pero que ya “no hay condenación”.

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, más conforme al espíritu. Romanos 8:1

¿Estás dispuesto a vivir cada día como una nueva criatura, dejando atrás lo que te lo impide?