Cuando Jesús oyó la noticia, dijo: «La enfermedad de Lázaro no acabará en muerte. Al contrario, sucedió para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios reciba gloria como resultado». Aunque Jesús amaba a Marta, a María y a Lázaro, se quedó dónde estaba dos días más. Pasado ese tiempo, les dijo a sus discípulos: —Volvamos a Judea.
Pero sus discípulos se opusieron diciendo: —Rabí, hace sólo unos días, la gente de Judea trató de apedrearte. ¿Irás allí de nuevo?
Juan 11: 4-8 NTV
(Ènfasis del autor)
Después de recibir la noticia de la enfermedad de Lázaro, Jesús tiene que comenzar su viaje. Toda la situación estaba rodeada de peligro, la región donde se encontraban Jesús y los discípulos al recibir al mensajero, era el distrito de Transjordania, menos hostil que Judea, hacia donde debían dirigirse. Los discípulos sabían el peligro de acompañar al maestro a una zona que podría poner en riesgo la vida de Jesús, e inclusive la de ellos. En esa circunstancia, la decisión de Jesús de no viajar inmediatamente, fue muy bien recibida; ya que ninguno de ellos quería exponerse a ver a su líder o a ellos mismos ser capturados y hasta poner en riesgo la vida.
Tiempo atrás en Judea, los judíos ya habían planeado matar a Jesús, por lo que verdaderamente, y desde el punto de vista humano, era casi un suicidio.
Pero Jesús tenía sus propios tiempos para ir a ver a Lázaro, que dependían de ser o no capturado. Él sabía seguir una agenda en la que sus planes sólo se regían por desatar salvación. Así que ser apresado y morir ya estaba en calendario.
Sus decisiones no estaban motivadas por el miedo a la muerte, que él sabía que se acercaba. Él mismo era el autor de su historia y sus tiempos.
Pero para los 12, la idea de aquel viaje y todos sus riesgos, minimizaba la seriedad que tenía la enfermedad de Lázaro. En un punto pensaban: “es él o yo”. Jesús además podía sanarlo a distancia, para qué arriesgarse.
Así que trataron de disuadir al Maestro cuando les dijo: “Lázaro duerme”…, lo que tomaron como una noticia tranquilizadora. “Si duerme es porque está mejorando”
Los discípulos serían en pocos días, testigos de un milagro tan único como maravilloso, pero para ellos la realidad era nefasta, y vivían como desoladora la situación que en realidad era muy triste para Marta y María.
Pero Jesús no solo quería hacer un milagro mayor, él quería ver cara a cara a Marta y María. Quería ser amigo, Maestro, Señor y dador de vida.
Los discípulos fueron testigos de muchos milagros, pero no podían ver a Jesús más allá de sus propios miedos…
El miedo era justificado… sólo habían perdido de vista que con ellos estaba el Señor de la vida.
Después ese miedo se transformó en asombro, fe y esperanza. Una lección que tendrían que volver a experimentar no mucho tiempo después.
Una lección que vos y yo también tenemos que aprender y poner en práctica
Ruth O.Herrera
