Lo difícil no es imposible

El Señor le había dicho a Abram: «Deja tu patria y a tus parientes y a la familia de tu padre, y vete a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te traten con desprecio. Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti».

Génesis 12: 1-3 NTV

Cuando el Señor le da esta palabra a Abraham, él la cree y va en pos de esa promesa.  El Señor le dice a Abraham: “Deja tu patria y a tus parientes”. Más allá de la acción de mudarse de un lugar geográfico a otro, esta orden tenía una connotación de renuncia a sus antiguas generaciones que vivían una vida sin Dios.   

Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti”. Después que Dios le hizo esta promesa, Abraham tuvo que cambiar su perspectiva y empezar de nuevo a los cien años. No solo él tenía que cambiar su historia, toda su familia debía tomar la decisión de acompañar ese cambio.

Dios también le había prometido que su esposa Sara le daría un hijo varón. Ella debía dejar su comodidad; salir a vagar por el desierto; aceptar la idea de quedar embarazada a los noventa años y después lidiar con un bebé. A la edad donde ya estaba todo hecho… tenía que volver a empezar y encima con una realidad que ya había resignado.

Quizás ella se habrá preguntado: ¿Con qué necesidad…? 

Seguramente Abraham y Sara, junto a todo su clan habrán luchado con sus buenos  y malos deseos, enojos, discusiones, cambios de humor y de opinión, porque la naturaleza humana “toda”, cada hombre y cada mujer sobre la tierra, es víctima de sus propios estados de ánimo y carácter. 

Hoy, como en aquellos días, las familias se enfrentan a decisiones que se pueden tornar complicadas. La sociedad promueve cambios de todo tipo que pueden desestabilizar las formas, la educación o los criterios propios del grupo familiar. 

Sin duda, la entidad de la familia está cambiando y sufre transformaciones que muchas veces son producto de lo externo.

Pero si podemos ser maduros en Cristo y buscar en el Espíritu su voluntad, esto no tiene porqué ser negativo al punto de traer disputas irremediables. Si sabemos ser los protagonistas del cambio, sin dejar nuestra identidad, las transiciones  pueden ser la plataforma para crecer y entender a otros.

Si una familia está en crisis es, sin duda, porque las relaciones humanas sufren la influencia de los cambios, tal como la vivieron Abraham y Sara. Sin embargo, Dios quiere renovar sus promesas para transformar esa crisis en esperanza. 

Cuando decido remover mi tienda; salir de mi zona de confort o de conflicto; cuando acepto el desafío de cambiar la manera de relacionarme con los otros, empiezo a caminar en un proceso de cambios. Una y otra vez pueden presentarse conflictos y malos tragos, porque al remover mi tienda toda mi familia y mi entorno  pueden ser afectados. Los cambios de dirección que puede necesitar la familia no siempre son fáciles de hacer, pero cuando están planeados y guiados por Dios resultan en bendición generacional.

Hacer nuevos planes comienza por cambiar los pensamientos y el corazón. Ajustar mi interior y aceptar el desafío de Dios siempre bendecirá a mi famila… aunque sean desafíos inesperados.

 

Ruth O. Herrera