Lo importante

Jesús iba camino a la casa de Jairo, pero le era difícil llegar. En el camino la multitud lo apretujaba.

Lucas 8:42b RVC

Cuánto tiempo perdido. Qué bronca que nos da llegar tarde porque no avanza el tránsito. Qué incomodidad caminar entre gente que no nota nuestra urgencia. Para Jairo, seguramente, la multitud era una molestia, lo que impedía su milagro.

“Y mientras iba, la multitud le oprimía”.

Y lo que faltaba… una mujer con flujo de sangre desde hacía doce años provoca la peor situación para ese padre desesperado, Jesús se detiene.

Jairo solo podía pensar en su hija. “Maestro, mi situación es más urgente, tengo prioridad. ¿Por qué te detienes?”.

Si ya había esperado doce años porqué justo en ese momento buscaba al sanador.

Si ya había gastado en médicos todo lo que tenía, si le dijeron que era incurable…

Jesús no solo pasaba. Iba camino a una urgencia. No buscaba hacer milagros casuales, una pequeña estaba a punto de morir.

La mujer necesitaba simplemente un paso, ella no era el objetivo. Los apretones, empujones, los curiosos que querían solo ver… Pero ella, su deseo, su necesidad y su fe interrumpieron el camino hacia otra gran necesidad.

“Hago mi último intento… ya no puedo perder nada”

se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.

Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?

Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.

Lucas 8:44-48 RVC
(Énfasis del autor)

Lo extraordinario del texto es que Jesús se detiene y entonces pregunta: “¿quién me ha tocado?”. Aunque sabía de la urgencia, no siguió de largo.

Muchas veces escuchaste, leíste o estudiaste este relato, pero hoy solo quiero que pensemos en esta sencilla, pero tremenda acción de Jesús. “Nada ni nadie tiene menor valor”.

¿Hay algunas situaciones muy cotidianas o necesidades sencillas que considerás poco importantes para incluir en tus oraciones?

Escuché a alguien decir en un grupo: “Mi perrito se enfermó, y no oré por él porque hay mucha gente que sufre”.

No importa si ante los ojos humanos no es imprescindible, si estás atascado/a en una duda, si podés solucionarlo en algún momento, si a tu alrededor hay mucha necesidad, si te sentís inferior o autosuficiente… Para Jesús vos sos lo importante no tu situación.

Como sea Él se detiene, te mira. Se detiene y sabe qué te pasa. Se detiene porque siempre tiene poder y se deja tocar.

Se detiene porque te ama.

Siempre se detiene y tiene palabras de amor para vos.

 

Ruth O. Herrera