Lo imposible

Cuando el Señor oyó lo que ustedes dijeron, se enojó e hizo este juramento:  «Ni un solo hombre de esta generación perversa verá la buena tierra que juré dar a sus antepasados. Solo la verá Caleb, hijo de Jefone. A él y a sus descendientes daré la tierra que han tocado sus pies, porque fue fiel al Señor». Por causa de ustedes el Señor se enojó también conmigo y me dijo: «Tampoco tú entrarás en esa tierra.  Quien sí entrará es tu asistente Josué, hijo de Nun.

Deuteronomio 1: 34-38 NVI
(Énfasis del autor)

Pero la historia del pueblo no terminó con la generación incrédula. Josué y Caleb eran parte de los espías que habían ido a reconocer la tierra, y ellos fueron quienes defendieron la postura de cruzar y tomarla. Los otros 10 espías se asustaron, por lo tanto, Dios le dijo a Moisés que solo ellos dos, por haber creído, entrarían en la tierra. Así que Josué y Caleb fueron “los únicos” de esa generación que pudieron pisar la tierra. Es así que los que entraron con ellos eran una generación nueva.

Hay un tiempo de Dios, y sobre ese tiempo tenemos que tomar decisiones, pero tienen que ser las correctas, porque nos podemos equivocar por miedo, por incredulidad. ¿Cuántas veces vimos la mano de Dios sobre nuestras vidas y en quienes nos rodean? En sanidad, en lo laboral… en todas las áreas, y muchas veces cuando llega el momento de decidir nos asustamos, dudamos, vemos solo lo natural y no le creemos.

En este mes en el que conmemoramos y recordamos cómo, hace más de una década, Dios nos prometió un nuevo templo, quienes vivimos aquel desafío podemos comprender un poco más a los valientes que declararon que Dios cumple lo que promete.

Cada detalle en la compra de los terrenos, en un país con una economía totalmente quebrada, la “pérdida inentendible” de todos los ahorros de la iglesia, lo único posible ante nuestros ojos era “lo imposible”.

Nuestra iglesia se vio justo enfrente de la encrucijada de creerle a Papá o a la economía. Así que la primera impresión fue frustrante, pero después lloramos… sí lloramos de alegría, hicimos fiesta y entramos a una tierra que el enemigo había declarado que no nos pertenecía.

Los milagros no fueron solo económicos. La unidad, el esfuerzo, los proyectos, y sobre todo la paciencia, hicieron posible que hoy celebremos que Dios fue, es, y sigue siendo fiel a su Maravilloso Plan.

Hoy, una nueva generación disfruta y sigue adelante sirviendo al Señor. Cada temporada juntos, seguimos renovando la misión con la convicción de que Dios tiene mucho más para su pueblo.

Miren, el Señor su Dios les ha entregado la tierra. Suban y tomen posesión de ella como les dijo el Señor, el Dios de sus antepasados. No tengan miedo ni se desanimen».

Deuteronomio 1: 21 NVI

Aunque a veces sea complicado, si se levantan voces sin fe o que no ven las promesas de Dios, a pesar del cansancio y la espera… ¡Sigamos tomando posesión de los nuevos desafíos, las renovadas bendiciones y planes de Papá, recibiendo a todo aquel que quiera recibir el abrazo del Padre…!

 

Ruth O. Herrera