¡Qué difícil me resulta explicar lo aburrido que es todo esto!¡Nadie se cansa de ver!¡Nadie se cansa de oír!Lo que antes sucedió, vuelve a suceder; lo que antes se hizo, vuelve a hacerse. ¡En esta vida no hay nada nuevo!Cuando alguien llega a decir: “¡Aquí tengo algo nuevo!”, resulta que eso ya existía antes de que naciéramos.
Eclesiastés 1: 8-10 TLA
La concepción del predicador que escribió el libro de Eclesiastés es que todo se repite, y de hecho hay veces que el pasado se repite en nuestras vidas. Cuando creemos que todo está solucionado, que tenemos todo controlado resulta que no es así.
Esta visión es real, y en lo personal el predicador de Eclesiastés me ayuda a poner los pies en la tierra, me provoca a levantarme en una actitud diferente, en la que no me considero víctima de una situación o una circunstancia, sino que me pregunto ¿Qué voy a hacer con esto que veo?
Ahora dice el Señor a su pueblo: «Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado.Yo voy a hacer algo nuevo, y verás que ahora mismo va a aparecer. Voy a abrir un camino en el desierto y ríos en la tierra estéril.
Isaías 43:18-19 RVR60
Isaías parte desde otra visión y declara que el Señor va a hacer algo nuevo. Hay una visión que Dios nos quiere entregar, es una visión de sentido, hacia dónde nos vamos a dirigir, quiénes vamos a ser, y qué vamos a hacer. Y contrario a la visión del predicador de Eclesiastés, Isaías dice: No, no, el Señor me dijo que hará algo nuevo y que otra vez abrirá camino en el desierto y ríos en la tierra estéril.
Lo que vos considerabas como muerto, lo que te ataba a un pensamiento pesimista será cambiado porque… Yo lo haré dice el Señor y ahora va a ser.
Por eso, cuando nos paramos en esta perspectiva, aunque tengas dos visiones encontradas depende de vos que captures esa palabra viva que el Señor nos entrega cada vez que nos habla.
Pastor Hugo Herrera
Para poder pararnos firmes sobre una perspectiva que Dios nos propone necesitamos partir de la actual, la que tenemos en este momento.
¿Cuál es la perspectiva actual? Desde una óptica puramente humana, el horizonte aun en el ámbito global, aparece amenazador. Cada vez más se aceleran los cambios que agrandan la brecha entre los países ricos y los pobres, y los valores morales y de convivencia también siguen descendiendo.
Algunos de los intelectuales que analizaban la irrupción de la covid-19 eran muy optimistas, pensaban que una vez que hubiera terminado saldríamos “mejores” de esta experiencia, más solidarios, menos individualistas, haríamos uso de lo que se llama consumo responsable etc… Sin embargo esto no fue así, pero el individualismo sigue vivo, y las innovaciones tecnológicas que se avizoran nos guían también hacia esa dirección.
Todos anhelamos un cambio, el liderazgo global no puede dar respuesta a las necesidades reales de la gente porque parte desde una concepción equivocada de lo que es liderar.
La humanidad no descubre cómo proyectarse hacia un futuro mejor.
Los ideales y propuestas dependen de los esfuerzos humanos y los proyectos basados en el ego y conveniencia propia.
Esto le pasó muchas veces al pueblo de Israel, pensaban en las cosas del pasado, y el ayer los tenía muy ocupados. Dios había abierto el mar y ellos pasaron en seco, con paso firme hacia la libertad. En el momento en que sucedió fue magnífico. Pero luego vino el desierto y las cosas no resultaron tan fáciles, entonces la fe en Dios fue decayendo para dar paso a los ideales humanos.
Para el tiempo en que escribe Isaías, el pueblo seguía pensando en el pasado, era más fuerte que su perspectiva de futuro y Dios tiene que recordarle que otra vez Él puede producir un cambio sobrenatural.
Como cristianos sabemos, declaramos, confesamos, creemos que el verdadero cambio viene de lo alto, lo trae Dios, pero nos desconcierta si llega de forma distinta a la que esperábamos. El problema de este cambio es que no siempre llega de la manera que esperamos. No es mágico, no soluciona todos los problemas de una vez y en general es un proceso que choca con nuestros propios conceptos acerca de cómo debería obrar el Señor.
¿Esperás cambios? ¿Cuáles? ¿Y si llegan de una manera que no encaja con el modo en que creés que Dios debe actuar? ¿Estarás dispuesto, dispuesta? Estas preguntas me las hago, y como vos necesito descubrir las respuestas en el obrar del Espíritu Santo. Cada cambio que alcanzamos son parte de la promesa de Papá que ya está dada…
