Ahora, pueblo de Israel, Dios tu creador te dice: “No tengas miedo. Yo te he liberado;
te he llamado por tu nombre y tú me perteneces. Aunque tengas graves problemas, yo siempre estaré contigo; cruzarás ríos y no te ahogarás, caminarás en el fuego y no te quemarás porque yo soy tu Dios y te pondré a salvo. Yo soy el Dios santo de Israel”. Israel, yo te amo; tú vales mucho para mí. Para salvarte la vida y para que fueras mi pueblo, tuve que pagar un alto precio.
Isaías 43:1-4a (TLA)
Hay una socióloga que me encanta, ella escribió un libro titulado “Sonríe o muere… La trampa del pensamiento positivo”. Esta es una sociedad que predica el ser positivo, aunque la verdad es que a veces no hay muchos motivos para sonreír. Pero lo que hace la diferencia es cómo vemos las cosas.
Hace años, en otros tiempos de crisis Dios me permitió comprar mi consultorio, pero al segundo día de inaugurarlo ya se me había inundado. Lo había comprado con mucho sacrificio, lo estrené y por una negligencia se desbordaron los tanques del edificio y al día siguiente estaba todo inundado. Ese día fui, sequé todo lo que pude y me senté… se me caían los lagrimones al ver que todo se derrumbara… Entonces, como buen terapeuta, me dije a mí mismo: “Basta”. Me voy a comprar un florero para poner flores y a decir: “Empiezo de nuevo”. Cuando estaba en el negocio tuve que esperar porque había una viejita que estaba delante mío y charlaba con el vendedor, de pronto al hombre lo llamaron por teléfono y yo me puse a hablar con ella; y en el medio de la conversación me dice: “Hijito usted me hace acordar a mi esposo”, él siempre me decía: “Lo que se puede comprar no tiene valor”. Seguí hablando con ella, pero había una palabra de Dios para mí a través de alguien insospechado, alguien que no era ni siquiera de la iglesia, porque siempre Dios te va a dar una palabra cuando Él quiere hacer algo nuevo en tu vida.
¿Qué precio tiene tu vida?Las cosas tienen precio, pero tu vida tiene valor.
Hay cosas que no se pueden comprar: el afecto de tus hermanos, el obrar de Dios. Él te ama y su amor es indeclinable. Tu vida es tan valiosa que Él decidió venir a la tierra a y morir en una cruz para salvarte.
Pastor Hugo Herrera
Durante esta semana reflexionamos en varios temas, el valor de la comunidad de fe; la importancia de examinar nuestros motivos delante de Papá; Su deseo de hacer cosas nuevas en nosotros y el desconcierto que eso puede llegar a producirnos; y la necesidad de renovar nuestra nueva vida, la del Espíritu.
Hoy queremos enfocarnos en lo que significa ver la vida desde otra perspectiva, insistir en el proceso de aprender a poner la mirada en lo que realmente es valioso, para que aquello que tiene precio no nos absorba desmedidamente.
Esto no significa que no haya necesidades.
Podemos decirte “Lo que se puede comprar no tiene valor» y si vos carecés de bienes materiales indispensables, básicos, para vivir una vida digna tal vez pienses que es una declaración ligera, que hace alguien que tiene satisfechas sus necesidades elementales.
No se trata de eso. ¡Por supuesto que, si necesitás por ejemplo un lugar donde vivir y no lo tenés, eso adquiere una importancia fundamental! o si estás enfermo y la medicación es carísima esa preocupación es totalmente legítima, son cosas muy concretas que tienen precio porque necesitás dinero para adquirirlas y tienen valor por lo que significan para vos y los que amás.
Lo que subyace al concepto que estamos trabajando juntos es que para Dios las personas tienen valor por sí mismas, independientemente de su condición, y ese valor es incomparable, no tiene precio. Para Papá sos valioso por lo que sos y no por lo que tengas o dejes de tener.
Vivimos en una sociedad que llamamos precisamente de consumo, porque se nos ha enseñado a pensar que tener acceso al consumo de cualquier tipo de bienes es lo único que realmente importa y hasta define nuestro valor ante los demás.
En esto, como en todos los temas que meditamos semana tras semana, la vida del Reino es al revés del sistema, se rige por criterios opuestos, no comparables a los humanos.
Es difícil reeducar nuestra forma de pensar, hay que monitorearla todo el tiempo, porque a veces nuestros criterios se oponen a los de Papa, la inercia nos arrastra y sin querer le damos mucho valor a lo que solo tiene precio.
Por eso Dios nos tiene que recordar que somos valiosos para Él siempre, sin condiciones, aunque no haya motivos para sonreír o no todas las cosas salgan como quisiéramos, somos valiosos porque Nuestro Señor nos dio valor y refrendó ese valor a precio de sangre.
Mónica Lemos
