Los dueños

Les digo la verdad: el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará jamás en él.

Marcos 10:15 PDT
(Énfasis del autor)

Marcos 10 comienza con Jesús enseñándole a una multitud. Es cuando los fariseos le preguntan acerca del divorcio, de manera capciosa. Algo inquietó a los discípulos y volvieron a preguntárselo más tarde. En el relato siguiente, algunas familias comenzaron a acercarle sus niños para que los bendijera. Pero a los discípulos esto no les parecía relevante. Habían estado hablando sobre el divorcio, un tema álgido, y evidentemente esta interrupción no era muy “importante” para ellos. Que los niños rodearan y distrajeran a Jesús les resultaba fastidioso. Imagino escuchar a los discípulos decir: “…Estamos en temas más importantes, no se desubiquen”.

Entonces Jesús les puso las cosas en claro, agregando a sus enseñanzas algo inesperado: el Reino del que él hablaba tenía dueños y no eran los discípulos, sino los niños. Jesús puso una condición para que seamos sus seguidores y es que busquemos e insistamos como niños.

Hace pocos días escuché una charla entre un padre y una hijita que estaba convencida de que su vida dependía de un artículo que para otros es… no tan urgente. En la conversación la hijita daba argumentos de “tremendo valor” para seguir siendo feliz, y obviamente para cada uno de esos argumentos el padre tenía una respuesta, pero eso no quitaba que la niña siguiera insistiendo.

Al leer este pasaje en el que Jesús enseña desde la mirada de un niño, intento desear ser parte del Reino como la criatura que no quiere irse de la juguetería, que hace berrinche y llora por lograr su objetivo, el juguete que es más importante que cualquier otra cosa.

El Reino es de quienes son vehementes, así lo expresó Jesús en Mateo 11:12 al mencionar a Juan el Bautista. Es de los buscadores, de los que insisten y aceptan el desafío.

Como una criatura que no necesita argumentos, ni demasiada información para aceptar un regalo. Como tirarse de un trampolín sin hacer muchas cuentas de la altura. Como quien está decidido a pesar de todo. Esa es la manera de recibir y elegir vivir en el Reino de Papá según lo dicho por Jesús. Es la condición que les pone a quienes lo escuchaban y a sus discípulos.

Y, por último, al terminar esta semana de devocionales pensemos juntos en que, aunque el Reino comienza en lo invisible, siempre produce fruto visible.  No se puede vivir bajo el gobierno de Dios sin que eso se refleje en la vida diaria, en las relaciones y la vida en comunidad.

Cada enseñanza de Jesús acerca de Su Reino fue expresada para vivirse en comunidad. Jesús formó una comunidad, la Iglesia, para que el Reino se encarne en relaciones reales. Quien quiera vivir en el Reino tendrá que caminar con otros, servir a otros, compartir cargas y celebrar logros ajenos. Juntos, como iglesia, amigos, familia hagamos visible el Reino de los cielos entre nosotros…  Quiero anhelar ser parte con la fuerza de un niño.

 

 

Ruth O. Herrera