Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente. —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.
Al ver la estrella, sintieron muchísima alegría. Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y presentaron como regalos: oro, incienso y mirra. Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Mateo 2. 1 y 2; 10-12 NVI
Este texto es muy interesante, curioso. Se ha hablado mucho de estos sabios. Algunas versiones traducen “magos”. La tradición dice que fueron tres y les asigna un nombre a cada uno, pero la Escritura no menciona nada de eso. Lo que sí se encarga de registrar el evangelio de Mateo es que unos sabios que venían de Oriente recorrieron un largo camino, enfocados en seguir una estrella diferente a todas las que habían visto hasta el momento.
Cuando llegaron a Jerusalén preguntaron dónde estaba el rey de los judíos que había nacido porque habían venido para adorarlo.
¿Cómo llegaron a esta conclusión? No lo sabemos. Hay distintas teorías al respecto.
Algunos historiadores dicen que en ese tiempo había una gran expectativa por la venida de un rey al mundo. Esto era conocido hasta en Roma.
Lo curioso es que los sabios o magos no eran judíos ni pertenecían a ningún grupo religioso del pueblo elegido.
Además de hombres estudiosos eran buscadores sinceros del Rey. Tanto que estaban dispuestos a iniciar un viaje hacia un lugar desconocido y sin ningún dato acerca de cuándo llegarían a destino. Solo dependían de la guía de una estrella singular que habían observado en el cielo. Y con esa única información, emprendieron la marcha.
Me llama la atención que, de los judíos, los que recibieron la noticia del nacimiento fueron unos sencillos trabajadores campesinos que hacían su trabajo cotidiano sin tener otro tipo de expectativas. Esto es lo que relata Lucas.
Sin embargo, los sabios y estudiosos de la ley, la elite religiosa de su tiempo ni siquiera intuyó que Jesús había llegado a la tierra. Y eso que ellos tenían material abundante en las profecías del Antiguo Testamento para corroborar datos…
Del mismo modo, muchas veces hay verdades sobre Cristo que son reveladas a aquellos que nunca tuvieron acceso a leer la Biblia ni fueron asiduos asistentes a una iglesia local. Simplemente Dios se da a conocer a quienes lo buscan con corazón sincero y que, además, es posible que se hayan dedicado a estudiar distintas filosofías en su anhelo de encontrar una respuesta para su vacío existencial. Aunque les tome mucho tiempo, están dispuestos a emprender largos viajes interiores y a despojarse de lo que les da seguridad para encontrar a Jesús y adorarlo.
Tal vez hay alguien con estas características cerca tuyo y no te diste cuenta. Esta semana, en especial, tratá de estar atento. Hay buscadores de la verdad eterna, algunos de ellos vienen desde muy lejos (de filosofías, lugares e historias personales muy distintas a las nuestras) y están cansados… ¿Podrás distinguirlos entre la multitud de lo conocido y acercarlos al pesebre?
Mónica Lemos
