Mantener la calma

Les dejo la paz. Es mi propia paz la que les doy, pero no se la doy como la da el mundo. No se preocupen ni tengan miedo.
Juan 14: 27 PDT

Conservar la calma al lado de un arroyito cuando te vas de vacaciones y tenés los sueños más sublimes, estás en una hermosa casa y te envuelve el aroma de tu comida favorita es fácil. Así es casi imposible no disfrutar. El clima, la compañía, las comodidades, el tener el día resuelto traen calma.
Pero después llegas otra vez a tu rutina y esa calma ideal desaparece, porque lo exterior nos condiciona.

En ambientes apropiados es muy fácil conservar la calma. En esos momentos no sentimos que el tiempo no nos alcanza ni tenemos que enfrentar una realidad que simplemente nos puede llegar a ahogar.

Si salimos a la calle, en medio del tráfico es casi normal escuchar que las personas desatan su ira por razones que a veces ni siquiera son graves.

Con los problemas de la gente, las dificultades de nuestra propia familia, etc… Son muchos los días en que las probabilidades de mantener la serenidad son pocas. Por eso la Palabra de Jesús… “les dejo mi paz, que no es como la que el mundo les da”.

Jesús lo hizo, mantuvo su calma y su paz aun en momentos límites, y nos prometió que por Su Espíritu podríamos también desarrollar esa paz.

El apóstol Pablo, un hombre de gran temperamento y fuertes convicciones, llegó a experimentar una paz extraordinaria, sobrenatural, y aconsejó a sus amigos que también probaran el milagro de “mantener la calma”.

Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.
Filipenses 4: 8 NTV

Vivimos en un mundo que, de una u otra forma, está envuelto en batallas. Las familias sufren conflictos internos; en los lugares de trabajo y estudio las opiniones se polarizan. A veces, hasta caminar por nuestras calles puede ser un riesgo que atemoriza, por eso la dirección que le demos a nuestros pensamientos es de vital importancia.
Con el Espíritu Santo, con su auxilio y guía vas a ganar muchas de esas batallas en las situaciones negativas con las que te enfrentas a diario. Es un ejercicio continuo… es la práctica de capturar los pensamientos de Cristo.

A veces el buen humor, la bondad del buen trato, la paciencia de esperar la respuesta, la mirada cálida son detalles no insignificantes que pueden cambiar tu día y el de quienes te rodean.
No se trata de demostrar que sos muy espiritual, ni de aparentar, sino de descansar creyendo que el Espíritu te asiste para desarrollar la mente de Cristo.

Practicá. Si hablás mucho, hacé un poquito más de silencio, pero sobre todas las cosas hablá de lo que es realmente importante. Hay personas que comunican mucho con poco y eso es excelente. Dale importancia a lo que dicen los demás y tené en cuenta qué es lo que les hace bien, qué es lo que los edifica, por más que consideres que lo que hablan no es importante.
El desafío es entender por dónde pasa lo que hace feliz al otro. Acompañar en la alegría y en el llanto; tener brazos extendidos; disponer parte de nuestros días a “pensar bien del otro”.

Sería interesante que hagas una lista de buenos pensamientos… de vos y de los que te rodean… pensar en todo lo bueno, todo lo agradable, todo lo que edifica y hacer el ejercicio de intentarlo cada día.
Hacele fácil a los demás el compartir tiempo con vos… un espíritu de amor puede inundar tu ser para vivir así
Ruth O. Herrera