¿Me explicás, por favor?

Más tarde, cuando Jesús se quedó a solas con los doce discípulos y con las demás personas que se habían reunido, le preguntaron el significado de las parábolas. Él contestó: «A ustedes se les permite entender el secreto del reino de Dios; pero utilizo parábolas para hablarles a los de afuera, para que se cumplan las Escrituras: “Cuando ellos vean lo que hago, no aprenderán nada. Cuando oigan lo que digo, no entenderán. De lo contrario, se volverían a mí    y serían perdonados”». Luego Jesús les dijo: «Si no pueden entender el significado de esta parábola, ¿cómo entenderán las demás parábolas?

Marcos 4:10-13 (NTV)
(Énfasis del autor)

Si leemos este texto superficialmente, sin tener en cuenta el mensaje central de la Escritura, parece dar a entender que Jesús hablaba en difícil de forma deliberada para que las personas no entendieran nada y no tuvieran la oportunidad de arrepentirse. ¡Nada más lejos de la realidad! El Señor siempre predicó y enseñó a todos para darles la oportunidad de recibir nueva vida. 

El pasaje de Isaías (que cita aquí) revelaba la dureza del corazón de un pueblo que rechazaba todo el tiempo los incesantes intentos de Dios para atraerlos. A fuerza de desobedecer una y otra vez al Creador y elegir adorar a ídolos paganos, ya no podían percibir la verdad que se les revelaba. Aunque fueran expertos en la Torá, eran incapaces de entender una sencilla historia. 

La comprensión espiritual trasciende la capacidad intelectual. 

Si aplicamos esta verdad a nuestra propia vida, la realidad nos muestra que podemos conocer las Escrituras, practicar distintas disciplinas espirituales y aun así permanecer ciegos y sordos a la revelación del Padre. Un ejemplo vívido de esto es la actitud que siempre tuvieron los fariseos hacia Jesús. 

Nosotros no estamos exentos de caer en este tipo de error. A veces, con el paso del tiempo, nos acostumbramos a leer la Biblia buscando confirmar nuestras propias opiniones, o respaldo para enseñanzas denominacionales que hemos recibido. 

Hoy Papá nos da una nueva oportunidad de examinar nuestro interior y preguntarnos ¿De qué manera me acerco a su Palabra? ¿Realmente deseo que el Espíritu siga revelándome a Cristo o elijo leer los pasajes que me reconfortan o confirman mis propias ideas?  Jesús siempre nos espera.

 

Mónica Lemos