Mérito

Aquella noche, le dijo al capataz que llamara a los trabajadores y les pagara, comenzando por los últimos que había contratado. Cuando recibieron su paga los que habían sido contratados a las cinco de la tarde, cada uno recibió el salario por una jornada completa.

Así que los que ahora son últimos, ese día serán los primeros, y los primeros serán los últimos.

Mateo 20:8-9, 16 NTV 

En nuestra sociedad se habla mucho del mérito al alcanzar un logro, de merecer la paga por nuestro esfuerzo y dedicación. ¿Escuchaste la palabra “meritocracia”?

Pero en la viña la «necesidad» que sentimos de ser recompensados por nuestros esfuerzos nace de una comprensión defectuosa de nuestra posición ante Dios.

Todo lo que somos y tenemos es un regalo. Nuestras bendiciones son de tal magnitud que ninguna cantidad de trabajo humano, ni siquiera una vida entera de servicio podría merecerlas o comprarlas.

Los discípulos dejaron sus rutinas y trabajos, pusieron de lado sus logros, empresas, y economía para aceptar el desafío de no lograr nada sin la intervención del Espíritu Santo. 

Los hermanos con empresas de pesca, el cobrador de impuestos, el zelote embarcado en la guerrilla, Felipe, Santiago (hijo de Alfeo) y Judas Tadeo probablemente comerciantes, todos y cada uno de ellos dejaron sus propios méritos y logros por una nueva misión desconocida y sin pago. Esto no significa que el trabajo y el sustento con esfuerzo no importe. 

No cambien de una casa a otra. Quédense en un lugar, coman y beban lo que les den. No duden en aceptar la hospitalidad, porque los que trabajan merecen recibir su salario.

Lucas 10: 7 NTV
(Énfasis del autor)

 Jesús así se los dijo a los discípulos que envió de dos en dos a desatar el Reino sobre la tierra. Pero la ganacia en el servicio a Dios es el cambio de muerte a vida, de tristeza por alegría, de luto por resurrección.

La gracia, por definición, es un favor inmerecido. No se puede ganar; solo se puede recibir con manos vacías.

Quien se sienta “orgulloso” por su servicio en una actitud de superioridad no entendió que Jesús lo dio absolutamente todo por los que no creen, no lo siguen ni lo reconocen.

La Biblia enseña en otros pasajes que habrá recompensas celestiales por nuestra fidelidad. Pero esas recompensas no son el pago de una deuda que Dios tenga con nosotros, sino manifestaciones adicionales de Su gracia soberana y generosa. 

Al terminar esta semana de devocionales, otra vez te propongo dar gracias con esta oración: 

Papá, ¡qué diferente es Tu Reino de las lógicas de este mundo!

Te pido perdón si en algún momento creo que mis obras me hacen merecedor de Tus favores.

Ayudame a despojarme de toda mentalidad de mérito y a abrazar la maravilla de Tu gracia inmerecida. Enseñame a descansar en la obra terminada de Cristo y a servirte no para ganar una recompensa, sino porque me diste la mayor recompensa posible: Tu amor.

 

Ruth O. Herrera