El Señor es mi pastor; nada me falta. En campos de verdes pastos me hace descansar; me lleva a arroyos de aguas tranquilas. Me infunde nuevas fuerzas y me guía por el camino correcto, para hacer honor a su nombre. Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo; con tu vara de pastor me infundes nuevo aliento.
Me preparas un banquete a la vista de mis adversarios; derramas perfume sobre mi cabeza y me colmas de bendiciones.
Sé que tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y que en tu casa, oh Señor, viviré por largos días.
Versión Reina Valera Contemporánea
El contexto en que nos encontramos al leer el salmo es el del desierto de Judá. Tenemos que imaginar a una persona que huye de sus enemigos a través del desierto. Sus enemigos están a punto de darle alcance, y se encuentra delante de la tienda de un jefe de los habitantes del desierto que le da refugio. Entonces la persona que huye es recibida con alegría y fiesta, convirtiéndose en huésped de ese jefe.
Cuando los opresores llegan a la entrada de la tienda ven una mesa preparada, sabiendo que los habitantes del desierto se limitaban solo a extender un mantel en el suelo, y ven al perseguido como un huésped. Ya se ha dado un baño y está perfumado con deliciosos ungüentos. Entonces observan que el jefe y su huésped están brindando como si fueran antiguos amigos y la copa del perseguido está llena y hasta rebalsa… Así que desconcertados y abrumados por la escena ya no pueden hacer nada. Lo más colosal es que los enemigos se retiran avergonzados.
Para los judíos, la hospitalidad era algo sagrado y en varios relatos bíblicos se lo describe. El que se refugiaba en la casa o en la tienda de otra persona estaba a salvo de cualquier peligro. Las personas se ungían con aceite para demostrarles a los demás que estaban pasando por un momento de felicidad en sus vidas. La unción, como señal de honor, era derramar aceite en la cabeza de alguien como una muestra de honorabilidad y respeto.
Me preparas un banquete a la vista de mis adversarios; derramas perfume sobre mi cabeza y me colmas de bendiciones.
Salmo 23:5 RVC
Mi propia versión de este versículo es así:
“Todos quienes se levanten en mi contra, mis problemas, enfermedades, dolores y angustias me verán sentada a tu mesa, frente a un gran banquete preparado especialmente para mí, podrán oler tu perfume en mis cabellos, y serán testigos de la manera en que me bendices”.
No pierdas tu oportunidad de expresar y escribir lo que te inspira el Espíritu Santo en este versículo…
Ruth O. Herrera
