Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!
Isaías 6:8 NVI
Los evangelios nos cuentan que en el momento en el que Jesús estaba por ser condenado, la persona que tenía la lapicera para firmar ese decreto, antes de hacerlo pidió un recipiente con agua para lavarse públicamente las manos. Pero si el gesto no quedaba lo suficientemente claro dijo textualmente frente a una multitud: “Soy inocente de la sangre de este hombre la responsabilidad es de ustedes” (Mateo 27:24). Acto seguido, Pilato entregó a Jesús a los soldados romanos para ser crucificado.
En los comienzos de la raza humana hubo un hombre que le cuestionó en forma directa a Dios: “Acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano” (Génesis 4:9) Detrás de ese aparente reclamo, Caín solo intentaba evadir su completa culpabilidad en el primer asesinato de la historia.
Esquivar la responsabilidad: En principio estos episodios no tendrían ninguna relación con nosotros aparentemente, dado que nuestras manos no están manchadas con sangre. Pero te invito a que pensemos juntos hasta qué punto no solemos caer con demasiada facilidad en esta tendencia humana tan natural de lavarnos las manos de nuestra responsabilidad, con la esperanza de que sea de algún otro.
El mandato divino en el que meditamos ayer acerca de comunicar a todos la Buena Noticia del amor de Dios, nunca fue planteado como una opción solo para algunos. Sin embargo, la realidad nos muestra que no todos los cristianos hacemos de esta gran misión una parte importante de nuestro camino a diario.
Una tarea de todos: La prioridad de alcanzar a los perdidos nunca estuvo en discusión, pero llamativamente suele ser un porcentaje menor el que se involucra directamente en la tarea. Como si hubiéramos encontrado la manera de tranquilizar nuestras conciencias, descansando en la justificación de que mientras otros efectivamente lo hacen, nosotros podemos dedicarnos, en el mejor de los casos, a otras cuestiones espirituales
El versículo de hoy resalta una célebre expresión del Antiguo Testamento que expresa no sólo una actitud y disposición del corazón, sino también una decisión de vida: “Acá estoy Señor, si necesitas a alguien podés contar conmigo”. La fuerza poderosa de esta frase tiene connotaciones sobrenaturales, porque lo habilita a Dios invitándolo a ejecutar sus planes superiores a través nuestro.
El mayor deseo del Padre: ¿Cuáles deben ser los planes que por esos días Dios tiene en mente para el lugar donde nos movemos? ¿Seremos capaces de sintonizar su voluntad por encima de la nuestra? Si nos acercamos a Él de verdad descubriremos una vez más que sus palabras y los latidos de su corazón, siguen palpitando en dirección a esa persona por las que estuvo dispuesto a desangrarse en la cruz.
En este segundo día de oración te invito a pensar seriamente si no nos parecemos aquellos personajes de la Biblia del buen samaritano, que decidieron pasar de largo a la necesidad para cumplir con quehaceres eclesiásticos (Lucas 10: 30-37). Algo así como lavarse las manos entendiendo que seguramente Dios llamará y moverá a otro. No importa si somos levitas, sacerdotes, empresarios, o docentes. Hoy el Señor espera con amor y paciencia que como Isaías nos plantemos con firmeza para no seguir desviando la mirada y haciendo el tipo de preguntas que hizo Caín.
La propuesta de estos 40 días no consiste en argumentar lo que bíblicamente es obvio; en lo que todos nos estamos poniendo de acuerdo es en dejar de evadir y empezar a obedecer. Para ello nos enfocaremos en la realidad y necesidad de cinco personas que quizás estén pasando desapercibidas por delante de nuestros ojos. El desafío concreto de hoy es mirar para arriba. La respuesta que se espera no es congregacional, es individual. Es mi propia mano la que debe levantarse para comunicarle al cielo: “Yo estoy acá, me ofrezco voluntariamente para que esas historias maravillosas que ya fueron planeadas de antemano para gente que conozco, puedan suceder.
No envíes a otro Señor, hacelo conmigo por favor. No me quiero quedar afuera, quiero cumplir tu propósito en mí. Quiero que alcances a cada corazón a través de mí.
Argentina Oramos por Vos
40 días de ayuno, oración y acción 2025
