Cuídame, Dios mío, porque en ti busco protección.Yo te he dicho: «Tú eres mi Dios; todo lo bueno que tengo, lo he recibido de ti. Sin ti, no tengo nada».
Salmo 16: 1-2 TLA
¡Qué preciosa declaración de dependencia!
Muchas veces en mi vida necesité declararle esto a Dios, porque hasta en los días buenos solo Él basta.
David fue un hombre que vivió tiempos de extrema angustia y pobreza y otros de total esplendor, pero en cada etapa reconoció al único Dios verdadero y tuvo un corazón conforme al corazón de Dios.
Todo lo que expresa este salmo describe a David… porque él describe su necesidad de Dios.
Leyendo los libros de Samuel se puede ver claramente el proceso y la trayectoria de un hombre que fue parte esencial en el plan de redención divina. Y la paciencia y el amor incondicional de Dios cumpliendo su idea de hacer parte a hombres y mujeres para cumplirlo.
Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.
Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo.
2° Samuel 7: 8-9,12-14 RV1960
Dios, a través de su Ana aparta a Samuel para el sacerdocio, lo designa para ungir al primer rey Saúl y después que éste se desvía retoma su plan apartando a David como su escogido. Pero a las claras está que este muchacho genuino y adorador en algún momento también iba a perder el rumbo…
Me impacta como Dios hace pacto con los hombres y mujeres a pesar de la débil capacidad de mantenerse firmes en ese pacto. Porque no se trata de ser perfectos sino de amar a Dios y volver cada vez que se desvían.
Es claro que cuando David escribe este salmo necesitaba una absoluta dependencia de su Señor. Había aprendido que solo en la absoluta cercanía con Dios lograba subsistir o progresar. Peleando con leones en su adolescencia o en batalla en su juventud, escapando de Saúl o de su propio hijo Absalón… Entrando victorioso en la batalla o aliado con sus enemigos… “solo Dios le bastaba”
Lo más probable es que no sea reina ni tenga que esconderme en cuevas, pero sí es seguro que, en mi vida diaria, en mis aciertos, en mis pérdidas, en los días de abundancia y en los días de escasez… siempre pero siempre mi única garantía de tener paz y vida plena es que Dios sea mi todo.
Y creo no equivocarme al pensar que vos y yo hoy necesitamos pedirle al Espíritu Santo tener la experiencia de David y también del apóstol Pablo…
Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo
Filipenses 3: 8 NTV
Leé este versículo otra vez, y una vez más… animate a hacerlo en voz alta para que cada palabra impregne tu mente y tus decisiones. El resto lo hace Papá
Ruth O. Herrera
