Microclima artificial

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.  Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Mateo 7: 24-25 RVR60

El 26 de septiembre del año 1991 en Arizona un grupo de ocho científicos decidieron vivir durante dos años dentro de una burbuja para experimentar cómo era la condición de vida de una persona aislada de toda la sociedad, lo que se llama una biósfera. Construyeron artificialmente una selva, un desierto, un océano, una pequeña granja y un pantano con mucha agua, lo que hacía posible que crezcan los árboles. Los científicos entraron en esa burbuja y durante el proceso tomaron nota de lo que iba sucediendo en ese micro clima. Ellos descubrieron que los árboles crecían de manera rápida y vertiginosa, pero luego se empezaban a caer porque no tenían raíces. Entonces se dieron cuenta de que faltaba un factor fundamental: el viento.

El viento y el sol que reciben las plantas son fundamentales para puedan absorber los nutrientes y se fortalezcan.

En un ambiente natural los árboles no crecen tan rápido, pero ese embate del viento hace que comiencen a desarrollar raíces profundas, así pueden ser frondosos y fuertes.

La realidad de nuestra vida es justamente esta, todos nosotros sin excepción hemos atravesado diferentes tipos de tormentas y tal vez nos hemos quejado cuando llegaron, pero estas adversidades nos ayudan a profundizar nuestra relación con Dios, fortalecen nuestra fe, la confianza. La vida de oración nos lleva a una profundización y relación más estrecha con nuestro Padre que está en los cielos y esa dependencia directa de Él nos hará fuertes en el momento de necesidad.

Pastor Milton Cariaga

Muchas veces seleccionamos los textos que nos recuerdan las promesas y bendiciones de Papá, pero pasamos por alto, o al menos no nos gusta detenernos demasiado en los que nos muestran la realidad tal como es. A nadie le gusta sufrir, no fuimos diseñados para eso, pero forma parte de la vida en nuestro mundo imperfecto y caído.

Por eso Jesús una y otra vez hablaba de temas que a sus amigos no les gustaba escuchar. Les recordaba que Él iba a sufrir, a morir, que ellos por un tiempo iban a estar tristes pero que no los dejaría solos…

Nunca nos prometió una burbuja perfecta donde todo lo que deseamos se cumple sin excepción, como si fuera una película de Navidad, pero sí se encargó de dejar bien en claro que, aunque sobre “nuestra casa” descenderían lluvias, vendrían ríos y golpearían vientos, si nuestra vida está construida en Él, su promesa es que no caerá.

También lo dijo de otras maneras:

Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.

Juan 16:33 NTV

Las imágenes de gente feliz que inundan las redes sociales no siempre reflejan la vida real como las luchas cotidianas, las carencias, los defectos. Se promueve una vida artificial, tipo burbuja, que todos sabemos que es irreal y a la que estamos tentados a alcanzar, es como correr detrás de esa ilusión solo para frustrarnos una y otra vez.

El sistema te propone que pongas todo tu esfuerzo y tu esperanza en tener éxito, ser famoso, acumular dinero, viajar, comprar ropa, zapatos, perfumes, la última novedad tecnológica o lo que se te ocurra. Esta propuesta puede ser superficial al punto de que aturdas sin darte cuenta del vacío que podés tener adentro.

Lo más popular es ir de estímulo en estímulo sin tener tiempo para pensar, y si ese estilo de vida nos seduce ya no hay espacio para dirigir nuestra vida hacia el diseño que Papá pensó para nosotros… por eso no podemos echar raíces en la vida que es verdaderamente plena.

Si no huimos del compromiso de pensar en los demás y no solo en nuestra conveniencia rompemos la burbuja artificial que el sistema actual propone.

Cuando tenés una necesidad real, concreta y comenzás tu búsqueda de respuestas te das cuenta de que el único cimiento real y sólido sigue siendo tu Señor. La gente cambia todo el tiempo y no siempre para bien, por eso tu confianza no debería estar depositada en las personas. Si es así, tarde o temprano vas a ser decepcionado o herido, posiblemente también vos también en algún momento no estés a la altura de las expectativas de otros y eso haga que cambien su trato hacia vos. Aun si eso sucede, mantenete firmemente abrazado a Aquel que ve los corazones. A Él le importás y nunca va a fallarte.

Su amor es y seguirá siendo incondicional, a pesar de los vientos que soplen en contra.

Mónica Lemos