Mirando arriba

El Señor dice: «Mis ojos están puestos en ti. Yo te daré instrucciones, te daré consejos, te enseñaré el camino que debes seguir.

Salmos 32:8 DHH94I

(Énfasis del autor)

 

Durante esta semana, inspirados en el sermón de nuestro pastor del 4 de este mes, fuimos desafiados por el Espíritu Santo a elegir cumplir la voluntad de Dios y realizar la misión que nos dio.

La tarea que enfrentamos es hermosa y a la vez requiere un alto compromiso.

Hoy cerramos esta serie con el escrito con que nuestra líder del área social desafió al equipo y lo hacemos nuestro, para cada líder, obrero y la congregación porque el llamdo es a TODA la iglesia.

 

“Podemos estar pasando por muchas luchas personales: salud, familia, emociones, identidad, etc…

Pero el Señor nos sigue recordando «No estás solo/a».  Él está pendiente de cada uno de nosotros, no hace ‘la vista gorda’ ante lo que nos pasa o ante cómo nos sentimos. Pero no es un Dios lejano que solo observa, sino que direcciona, habla, aconseja, instruye…

 

¿Cómo vamos a responder? A veces sentimos que nos estamos hundiendo y tratamos de salir a flote con nuestras propias fuerzas. Papá nos invita a confiar en Él, confiar en que está en control de cada uno de nuestros pasos, de que sabe exactamente por cuál camino tenemos que ir; confiar en que su voluntad es buena, agradable y perfecta y dejarnos guiar por su voz.

 

Que nuestra respuesta sea confiar y caminar hacia donde su voz nos guíe. “

 

Belén Fontana

Líder del área social de La Casa del Padre

 

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

Hebreos 12.1 RVR 1960

 

Pablo nos compara con corredores que deben despojarse de todo peso y pecado que nos rodea. A veces, en nuestra carrera de fe, enfrentamos obstáculos que amenazan con desviarnos. Pueden ser dudas, tentaciones o pruebas difíciles. Pero aquí está la lección clave, que Pablo supo encarnar tan bien: Mantengamos nuestra vista en la meta, corriendo con gozo y confiando en la gracia de nuestro Salvador.

 

Y recordemos que la meta no solo es un lugar, sino una relación más profunda con nuestro Salvador. No olvides que no corremos solos; Jesús corre a nuestro lado, animándonos a seguir adelante con valentía.

 

 

Ruth O. Herrera