Nacer

Había un hombre llamado Nicodemo, un líder religioso judío, de los fariseos. Una noche, fue a hablar con Jesús: —Rabí —le dijo—, todos sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos. Las señales milagrosas que haces son la prueba de que Dios está contigo. Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.

Juan 3:1-3 NTV

 

Cuando tenía unos 5 o 6 años, en mi iglesia de la infancia se hizo un culto evangelístico para niños. Yo estaba sentada con mi amiga atrás, pegada a la pared. Aquel maestro invitado, usando imágenes, contó la historia de un pececito que por desobedecer fue atrapado por un anzuelo. La historia era por demás triste. Lo que hoy recuerdo es la imagen del pececito, el anzuelo, y la angustia que eso me provocó. Cuando algunos adultos me vieron llorar interpretaron que… “había nacido de nuevo”. Me aconsejaron, abrazaron y aseguraron que sería feliz. Pero yo, como Nicodemo, dudé mucho de poder nacer de nuevo. Y necesité que en mi casa me aseguraran que no volvería a ser un bebé. Y aunque pasaron décadas de aquella noche, al leer este pasaje entiendo perfectamente la reacción, el desconcierto, el asombro y duda del maestro de la ley.

Pero… ¿qué fue en realidad lo que quiso decir Jesús, cuando le dijo esto a Nicodemo? ¿Qué se necesita realmente para «nacer de nuevo»? Sabemos con certeza que es imprescindible para ser parte de cuerpo de Cristo. Sin embargo, muchos se siguen preguntando o sin entender realmente la pregunta: ¿Qué es, exactamente el nuevo nacimiento al que Jesús se refería?

La creencia de que es necesario «nacer de nuevo» no es exclusiva de la enseñanza cristiana. Cuando un gentil, alguien de otro pueblo o religión, quería convertirse al judaísmo, lo hacía mediante una oración, un sacrificio y el bautismo, entonces era considerado como un “renacido”.

Desde el comienzo de la historia de la humanidad, el hombre pensó y creyó en la idea de trascender su propia vida. El Diccionario Bíblico del Intérprete, explica que muchas de las antiguas religiones enseñaban que esto era necesario y se alcanzaba a través de ritos, como un nacimiento o regeneración que se alcanzaba durante el acto de su “iniciación”. Budistas e hinduistas hablan de un renacer y comparten la creencia en el renacimiento. Sus metas finales y caminos para alcanzarlas son distintos. El budismo busca la eliminación del sufrimiento a través del nirvana, mientras que el hinduismo busca la unión con Brahman a través de moksha. Religiones y doctrinas claramente opuestas a la verdad del evangelio de Cristo creen en un comienzo, trance, o nuevo nacimiento, como el principio de una nueva manera de vivir.

Antes de que Jesús comenzara a invertir sus enseñanzas, la idea de volver a nacer o reencarnarse ya estaba establecida. Hombres y mujeres de todos los tiempos tuvieron y tienen una “necesidad” íntima, el deseo de no morir. Pero Jesús no habló de esto, sino al contrario: “de morir para volver a nacer”.

No intento hacer un estudio de diferentes religiones, sino más bien, que pensemos juntos en nosotros mismos y en nuestra manera de pensar, hablar y llevar “Buenas Noticias” a otros.  Es verdad que muchas veces escuché sobre el tema, y tantas otras leí este pasaje, pero hasta que no revisé mi propia fe, mi pensamiento fue “plano”; es decir… literal, según mi parámetro de pensamiento, al igual que Nicodemo… el nuevo nacimiento es como la imagen de una mujer que da a luz; pero en mi propia vida no fue así. Fueron muchas las veces que tuve que volver a nacer.

Ruth O. Herrera