No podemos callar

«Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oíd

Hechos 4:20

Estamos entrando en una semana decisiva, en la que luego de haber orado por nuestros amigos, de haberlos escuchado atentamente, de haber comido con ellos y de haber encontrado maneras de servirlos, llega el momento de abrir nuestro corazón y nuestra boca para contarles la Buena Noticia que a nosotros nos cambió y nos salvó la vida. Predicar el Evangelio es simplemente compartir lo más valioso que tenemos, por eso esta será la acción en la que vamos a enfocarnos en estos siete días: compartir.

El pasaje de hoy nos remite a un momento de los Hechos de los apóstoles en el que Pedro y Juan estaban siendo altamente presionados por el gobierno de turno para dejar de predicar acerca de Jesús. El Señor les había prometido tiempo antes lo siguiente: «Cuando los arresten, no se preocupen por cómo responder o qué decir. Dios les dará las palabras apropiadas en el momento preciso. Pues no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por medio de ustedes» (Mateo 10:19-20).

No hay dudas de que la promesa se cumplió, ya que momentos antes Pedro había respondido el interrogatorio oficial con una solvencia y una solidez notables. Era el Espíritu Santo hablando a través de ellos, y ese mismo Espíritu es el que los llevó a pronunciar nuestra frase de hoy. Tener esto en cuenta nos ayuda a considerar correctamente el alcance de estas palabras.

Más cercanía, más testimonio

No estamos ante la frase de un par de fanáticos. Tampoco se trata de una expresión relacionada con el perfil de quienes hablan, de sus inclinaciones ministeriales o de los dones recibidos. Es nada menos que el mismo Creador poniendo en los labios de ellos una verdad irrefutable: alguien que ha estado con Jesús no tiene forma de callar todo lo que vivió con Él.

Esto echa por tierra la idea de que el evangelismo es para ciertas personas que se dedican a eso. No es solo cuestión de pastores, predicadores o evangelistas. Hablar de Jesús es la consecuencia inevitable de un corazón que desborda de amor por Él. No existe manera de discutir que cuanto más lo conocemos y más lo amamos, más imposible se nos hace cerrar la boca y ocuparnos exclusivamente de otras responsabilidades cristianas.

Hablamos de lo que nos cautiva

Cuando un joven se enamora y se pone de novio, no necesita un curso de varias semanas para ayudarlo a hablarle a su familia y a sus amigos del amor de su vida, posiblemente no hable de otra cosa. Es difícil explicar cómo algunos cristianos sienten un llamado especial, por ejemplo, hacia la adoración, y viven expresando en canciones la devoción y el enamoramiento que tienen por la persona de Dios, mientras que nunca le hablaron de ese amor a sus compañeros de trabajo o a sus vecinos. Lo mismo podríamos decir de quienes profundizan en el estudio de la Biblia y la enseñan en la iglesia con una pasión que fuera de ese ámbito nadie podría sospechar que tienen.

Los apóstoles amaban a Jesús y no podían dejar de hablar de Él. Compartir a Cristo para ellos era tan natural como respirar. Es posible que, en nuestro caso, las acciones descritas en las cuatro semanas anteriores no nos cuesten tanto como esta. Si es así, ¿podríamos identificar la razón?

Sin argumentos válidos

A diferencia de los primeros cristianos, ¿por qué nosotros sí podríamos callarnos y vivir sin problemas con eso? Si somos sinceros, nunca vamos a encontrar algún argumento coherente para explicarle a nuestro Señor que, aunque lo amamos mucho, en realidad nos quedamos tranquilos porque hay otros hijos suyos hablándoles de Él a sus amigos.

Quizás más de uno de nosotros en este día tenga que presentarse delante de Dios y pedir perdón reconociendo esta omisión. Él no sólo nos perdona, también nos da la luz para entender su voluntad expresada tan claramente y las fuerzas para dejar salir de adentro tanto amor recibido, tanta gracia inexplicable e incontables anécdotas del poder de Dios en nuestra vida. Hay corazones que definitivamente necesitan escuchar lo que nosotros no podemos ni debemos callar.

Acción:

Hoy vamos a estar atentos y aprovechar esa oportunidad que Dios nos pondrá para hablar de Él a alguien en el camino de este día. Cuando detectemos que eso ocurra, al igual que los discípulos, no vamos a callarnos.

Oración:

Oramos por fortaleza, por sabiduría y por sensibilidad para hablar con mucha más naturalidad de nuestro amor más importante.

Pedimos perdón por cerrar nuestros labios por tanto tiempo y en tantas oportunidades.

 

Argentina Oramos por vos