No te alejes

Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí. Y terror me ha cubierto. Y dije: ¡quién me diera alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. Ciertamente huiría lejos; moraría en el desierto. Me apresuraría a escapar del viento borrascoso, de la tempestad.

Salmo 55: 4-8 (RVR60)

(Énfasis del autor)

En estos últimos años se han incrementado las consulta médicas y psiquiátricas de personas que experimentaron ataques de pánico.  Quienes lo padecen, generalmente de manera inesperada, comienzan con síntomas somáticos de ansiedad o miedo, sensaciones de ahogo; palpitaciones; transpiración de manos; pensamientos recurrentes de colapso o de muerte inminente entre otros.

Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra

Salmo 119:28 (RVR60)

(Énfasis del autor)

Algunos de los factores que podrían explicar este aumento de casos son la ansiedad que provoca el esfuerzo por el éxito material, de difícil o imposible cumplimiento, la soledad frente a la aparente compañía de relacionarse por redes sociales, que paradójicamente sustituyen a las oportunidades de contacto interpersonal real y saludable. Generalmente este tipo de ataques sobrevienen en períodos de la vida particularmente estresantes.

Es importante que seamos conscientes que todos los días a nuestro lado caminan personas que guardan sentimientos que han hecho nido en su interior y que, además de ser dañinos, posiblemente les cueste expresar por vergüenza o temor al rechazo.

No siempre se encuentra una escucha apropiada si el juicio de algún hermano en la fe es incapaz de entender que los cristianos también podemos enfrentar estas circunstancias.

Temor, incertidumbre, ira, incomunicación y soledad se van sumando y las personas se aíslan cada vez más, es probable que hasta asistan a nuestras reuniones, pero realmente están solos, su angustia es un secreto muy bien guardado detrás de la muralla de la sonrisa social y el saludo de domingo.

En la Biblia el salmo 55 nos muestra a David derramando su corazón delante de Dios y expresando con mucho detalle lo que bullía en su interior; un corazón dolorido, terrores de muerte, temor y temblor, deseos de huir lejos, de escapar del viento borrascoso y de la tempestad.

¿Creía en Dios David? Sí. De hecho el salmo comienza con una oración, pero eso no lo eximía de atravesar intensos momentos de angustia. Cuando leemos “¡quién me diera alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría” podemos pensar que es una excelente frase poética, pero el autor está muy lejos de la poesía en ese momento, lo que está diciendo a gritos es que no quiere permanecer por más tiempo en esa situación.

Si estás atravesando un tiempo similar, si ni siquiera tenés deseos de orar o, peor aún, tus oraciones te suenan vacías, estar en la Presencia de Dios incluso en silencio es el primer paso para que comiences a superar tu angustia y puedas recrear la conciencia de que Dios te ha hecho para la vida. Dios te quiere darte vida plena.

Generalmente esa vida de plenitud llega después de haber vivido momentos muy difíciles, tal como le pasó a David. Él lo puso en palabras al escribir este y otros salmos mostrando la importancia de poder compartir y “decir” lo que te pasa. Tener alguien en quien confiar y que acompañe tu realidad, quien pueda ser otro eslabón hacia tu paz.

Los justos gimen, y el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. Cercano está el Señor para salvar a los que tienen roto el corazón y el espíritu

Salmo 34: 17-18 (RVC)

Dios está a tu lado, te escucha y obrará en tu favor.

Pastor Hugo Herrera

Mónica Lemos