Nuestra nación

«Ora de ese modo por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos tener una vida pacífica y tranquila, caracterizada por la devoción a Dios y la dignidad»,

1° Timoteo 2:2

Hemos llegado al final de este camino que emprendimos juntos hace cuarenta días, y solo Dios conoce los detalles acerca de la multitud de personas que han sido tocadas y alcanzadas en este tiempo. A su vez, sólo Él sabe también lo que nosotros hemos crecido en la comprensión y el compromiso con la Gran Comisión y la razón de ser de la Iglesia.

Felices de ser argentinos

Amamos a Dios y por eso amamos a la gente. En estas semanas hemos vencido barreras de todo tipo para que ese amor se ponga en acción, y hemos facilitado el contacto entre el Creador y nuestros amigos. Al pensar en el amor ilimitado e incondicional de nuestro Padre que no deja a nadie afuera, y al mirar a nuestra querida Argentina, hoy finalizamos nuestra campaña encomendando nuestra nación en las manos más poderosas. Agradecemos haber nacido en este glorioso suelo; somos conscientes de toda la riqueza natural y humana que fue depositada en nuestra tierra, y a la vez tenemos tantos deseos y expectativas de que muchas cosas puedan ser mejores. Probablemente coincidamos en que lo mejor que podemos esperar que pase en nuestra patria es un despertar espiritual en la mayor cantidad de gente posible.

Orar por todos

El versículo de hoy nos manda a que oremos por todos nuestros gobernantes. Esto va más allá de la ideología política de quien ocupa un cargo; nuestra función es amarlos y orar por ellos y por las decisiones que toman, para que haya paz, libertad, justicia, seguridad y, como dice Timoteo, que podamos vivir con tranquilidad.

Queremos ver una Argentina diferente, y eso no va a ocurrir a menos que sus habitantes lo sean. La gente necesita encontrarse con Dios para cambiar su corazón, sus valores y su vida. Por eso tenemos que orar por todos los habitantes de nuestro país tal como lo dice el versículo que analizamos en los primeros días de este plan.

Protagonistas de un cambio real

No nos interesa un simple dato estadístico. No buscamos números o porcentajes. Ni siquiera pensamos en que todas las iglesias estén llenas de gente solo porque sí. Deseamos fervientemente un cambio, una verdadera conversión de las personas que haga que la diferencia poco a poco comience a notarse realmente en las calles, en los lugares de trabajo, en los establecimientos educativos, en los medios, en la política y en las artes.

Al orar por esto no debemos lavarnos las manos. No podemos pedir por un avivamiento sin avivarnos nosotros, no podemos clamar por un despertar si nosotros no estamos despiertos. Tal como lo hemos venido practicando, roguemos a Dios que haga su parte, pero no dejemos de hacer la nuestra. Si varios millones de cristianos tomamos lo vivido en estos cuarenta días como el andar normal de un hijo de Dios y no como un esfuerzo aislado y concreto, no hay manera de que los resultados no empiecen a verse en masa y a gran escala.

La Iglesia no tiene que salir a la calle, la Iglesia ya está en la calle. Está ahí donde pisamos diariamente, porque la Iglesia somos vos y yo. No hay dudas de que en estos últimos días el cielo se ha festejado a lo grande. Fueron muchísimos los que sacaron su pasaporte para estar un día en la eternidad con el Padre. Al mismo tiempo, en el lado de las tinieblas se han sufrido y se han lamentado fuerte estas derrotas. En este día cuarenta nos proponemos dos cosas muy concretas.

La primera es agradecer. Hagámoslo sincera y profundamente sabiendo lo que pasó a nuestro alrededor y tratando de imaginar la cantidad de historias de salvación que habrán ocurrido como parte de este plan. ¡Gloria a Dios por eso!

La segunda propuesta pasa por no frenar. Ha sido un incentivo enorme el saber que éramos decenas de miles por todo el país los que oramos, escuchamos, comimos, servimos y predicamos a la vez, pero no tenemos por qué detenernos.

Hagamos de estas cinco acciones un hermoso y fructífero hábito.

Eso cambiará radicalmente nuestras vidas, nos enfocará espiritualmente y traerá crecimiento a nuestras congregaciones. Pero por sobre todas las cosas, seremos obedientes a ese Padre que tiene tanto amor y que más que ninguna otra cosa en el mundo quiere seguir alcanzando a cada persona.

Acción:

Para que todo lo vivido en este tiempo no haya sido una experiencia que empezó y que terminó, hoy vamos a anotar pasos concretos que vamos dar de acá en más para continuar con nuestra tarea de alcanzar corazones.

Oración:

Pedimos por nuestro hermoso país, para que Dios lo bendiga y prospere en todos los sentidos

Oramos dando gracias por tantas personas alcanzadas en estos cuarenta días.

 

Argentina Oramos por Vos